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Entre dinosaurios y trincheras


Diciembre 01, 2014

El léxico político del mandatario Maduro y el vicecanciller para Europa Calixto Ortega, han puesto en escena dos palabras que no pueden pasarse por alto en el análisis para la historia, que son estos artículos que se escriben para los diarios. Algunos creen que el papel periódico muere a la media noche de ese día, pero desconocen que afortunadamente los servidores de internet los guardan para la posteridad.

Maduro calificó a los dirigentes de la oposición de dinosaurios y también habló de los mismos en materia de petróleo. El dictador venezolano nombró la soga en la casa del ahorcado. Hace años el expresidente portugués Mário Soares calificó a Fidel Castro como un dinosaurio de la política, precisamente con capacidad para el mal. El diario ABC de Madrid aclaró que realmente el calificativo era de tiranosaurio, pues el llamado Comandante mantenía a su pueblo bajo una sangrienta dictadura sin prosperidad alguna.

Los dinosaurios de la era mesozoica vivieron hace unos 65 millones de años. Metafóricamente llevados al ámbito de la política son esos hombres enemigos de dar paso a las nuevas generaciones. En las filas del oficialismo hay muchos rostros que si pudieran darse por nombrados cuando Maduro habla de estos animales. Por el contrario al ver los perfiles de los dirigentes de los partidos de oposición y sobre todo al saber que la inmensa mayoría de los jóvenes universitarios se oponen a este régimen, tenemos que concluir que el chavismo vive en la prehistoria y la oposición hace historia en la denuncia.

Sin talento ni prestigio para la diplomacia, pero si para el escalafón, Calixto Ortega le dijo a los nuevos embajadores nombrados para Canadá, Panamá y Alemania, que convirtieran sus embajadas en trincheras. No les hablaba de trinchera de ideas, pues los nombrados no las tienen, les recomendaba prácticamente que dispararan contra todo aquel que atacara a la revolución bolivariana. Un embajador no es enviado a jergas, es el representante de un país civilizado. Qué mal anda la diplomacia venezolana cuando un viceministro desventurado, con una audacia que es fuerza de los débiles utiliza un palabrerío vulgar para hacer recomendaciones a subalternos disfrazados de diplomáticos. Seguimos en la noche de la ignorancia, el insulto y la ignominia.

Julio Portillo