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EMILIO NOUEL V.: Colombia: la paz y las dudas


Octubre 01, 2016

El acto de firma del acuerdo de paz en Colombia entre las autoridades, que representan la institucionalidad de ese país, y un grupo insurrecto que se ha mantenido al margen de la ley aterrorizando, secuestrando y traficando drogas por varias décadas genera sentimientos encontrados en quienes, a pesar de todo, valoramos el gran paso dado, acompañado por la comunidad internacional.

Son pocos los que no desean que se acabe el enfrentamiento violento. La mayoría del pueblo colombiano y del hemisferio aspiran al fin de esta guerra y al establecimiento de una paz definitiva.

Ciertamente, el acuerdo alcanzado es el comienzo de un proceso que aún debe ser llevado a feliz término. No hay garantías de que no naufrague y su fracaso, sin duda, lo lamentaríamos mucho.

Los contenidos del acuerdo son el motivo central de la controversia. Sobre varias de las concesiones otorgadas a las FARC no hay aceptación por parte de importantes sectores sociales y políticos. Para estos son consideradas inaceptables e inmorales. Y en algunos puntos, desde los principios, les asiste la razón. Pero ese alto precio por la paz ¿no se impone pagarlo?

Hay en los detractores del acuerdo muchas reservas hacia el futuro. No confían en la conducta de una FARC pacificada, y hay razones de peso para no estar seguros del éxito de esta apuesta. También se esgrimen argumentos engañosos que solo buscan atemorizar a la población, como el de afirmar que en las próximas elecciones ganarían las FARC, cuando todos saben que la sociedad colombiana las rechaza.
Se ha señalado que el acuerdo no es perfecto. Pero es lícito preguntarse si los términos a los que se llegó fueron los que permitieron que el acuerdo se diera.

Desde la perspectiva del que no está calzando los zapatos del negociador ni ha vivido directamente la experiencia de esa guerra, por ser extranjero, lo que cabe decir es que pareciera preferible hacer una apuesta a la paz que continuar el estado de cosas que imperó hasta ahora, lo cual justifica ciertas concesiones que a cualquiera resultan chocantes e inaceptables.

Aun cuando algunos grupos de las FARC sigan manteniéndose en la beligerancia, y el ELN no se haya pacificado tampoco, es un paso grande reducir la potencialidad de la guerra. Serán menos las muertes, los secuestros y otros delitos, sin que ello signifique la no ocurrencia total de estos hechos. El tema del narcotráfico, al que está ligado las FARC, es algo que queda en el limbo de las incertidumbres.

Son muchas las dudas que desde afuera de Colombia albergamos los observadores. Unas cuantas preguntas que seguimos haciéndonos carecen de respuestas. Sin embargo, juzgamos que vale la pena, como se ha dicho, dar una oportunidad a la paz. El éxito dependerá del Estado y de la sociedad colombiana.

En cuanto a las repercusiones que estas nuevas circunstancias tendrán para Venezuela, también hay incógnitas a despejar. No falta quien crea que el problema del país vecino se traslade ahora al nuestro, habida cuenta de las relaciones privilegiadas y oscuras que el gobierno chavista ha tenido con la guerrilla de aquella nación y que el negocio del narcotráfico que las FARC manejan allá, se instale en Venezuela. Pero lo cierto es que ya está entre nosotros.

No son pocas las informaciones acerca de la complicidad existente en la frontera entre autoridades civiles y militares venezolanas y grupos guerrilleros del otro lado. Los productores venezolanos de la frontera son víctimas a diario de este azote delincuencial insoportable.

¿Tienen razón los que dicen que la paz colombiana será la "guerra" en Venezuela?
No obstante, y con dudas, participamos, por convicción, del envite por la paz en Colombia. Asimismo, esperamos que su construcción no comporte para los venezolanos un problema adicional a los que ya nos agobian en demasía. ¿Estamos en capacidad de neutralizar algún efecto indeseable? Habrá que estar pendientes de este asunto, lleno de incertidumbres e imponderables.

EMILIO NOUEL V