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El Salario agoniza


Mayo 24, 2016

La pérdida del poder adquisitivo en el territorio nacional lo viven los ciudadanos cada vez que compran alimentos. Al menos dos veces por semana, los venezolanos dan fe de que el aumento del valor de venta de productos es desproporcionado al incremento de sus ingresos, pese al control de precios vigente. Aunque en 2016 el salario mínimo se elevó dos veces parece imposible costear en Venezuela los gastos básicos solo con el sueldo base que garantiza la Ley Orgánica del Trabajo para los Trabajadores y Trabajadoras (Lottt) en su artículo 99.

El ministro de Planificación, Ricardo Menéndez, aseveró en enero de 2016 que solo 30% de los trabajadores en el país devengaban salario mínimo. Desde el pasado primero de mayo el salario mínimo integral (remuneración base más bono de alimentación) aumentó 33% luego que el Presidente de la República decidiera elevarlo a 33.637 bolívares. La jornada salarial mínima diaria se paga a Bs. 501 y el bono de alimentación a Bs. 619,5. Estos Bs. 1.120,5 bolívares diarios son insuficientes para adquirir un menú ejecutivo que en promedio se vende en Bs. 1.500.

Por hora, el panorama para los trabajadores es más desalentador. El trabajo de 60 minutos se reconoce a Bs. 60,625, menos de lo que cuesta viajar dos veces en un autobús que cobre Bs. 35 por pasaje. En el caso del bono de alimentación, el ingreso alcanza a duras penas para comprar un caramelo que se vende a Bs. 50 porque por hora este beneficio vale Bs. 77,437.

Hasta marzo de 2016 la canasta alimentaria prevista por el Centro de Documentación de Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM) se calculaba a Bs. 203.943,95. Esto supone que una sola persona que destine su salario mínimo integral completo durante un mes no podría comprar en su totalidad la canasta pues necesitaría Bs. 170.306,95 adicionales. Aunque en el ejercicio del cálculo se incluyan a dos individuos que devenguen salario mínimo integral, la sumatoria de ambos ingresos mensuales (Bs. 67.274) también arrojaría un saldo negativo para satisfacer sus necesidades. En una familia se requería hasta el cierre del tercer mes de este año 13,55 salarios mínimos, 10,97 bonos de alimentación o 6,06 salarios mínimos integrales para obtener la canasta alimentaria. Visto de otro modo, para comprar lo básico solo con salario mínimo un venezolano tendría que trabajar cuatro meses y medio o 135 días.

Pérdida adquisitiva
La inflación también sabotea el poder de compra del venezolano. Al cierre del año 2015, el Banco Central de Venezuela registró un alza de precios de 180,9%. En 2012 el salario mínimo era de Bs. 2.047,52, desde ese año la remuneración básica ha incrementado nominalmente en 635%. De acuerdo con cálculos de ODH Grupo Consultor, el salario mínimo decretado en septiembre de 2012 equivalía a Bs. 42.290,42 a precios actuales. "Esto implica una pérdida de capacidad adquisitiva de 64% para quienes perciben el salario mínimo", asegura la economista Anabella Abadi.

El coordinador general de la Central Bolivariana Socialista de Trabajadores (CBST) y miembro de la Federación Nacional de Trabajadores, Carlos López, arguye que la denominada guerra económica constituye otro obstáculo para adquirir la cesta básica. Responsabiliza a "los bachaqueros" por las distorsiones en la cadena de distribución de alimentos que se traduce en otro aumento no autorizado en los precios de venta de los productos.

"Si vamos a usar el valor de una encuestadora que usa la llamada cesta Petare, el salario del trabajo obviamente no alcanza. El Gobierno está trabajando para que la distribución sea una conquista popular y no una dádiva gubernamental", manifiesta López.

Por su parte, el economista Oscar Torrealba desestima que el salario mínimo venezolano sea bajo. A su juicio, la responsabilidad de la pérdida del poder adquisitivo se encuentra en la impresión de dinero inorgánico, el férreo control de precios y la baja producción e inversión en el país.

El gerente de la unidad de análisis económico de Datanálisis, Francisco Allen, puntualiza que la pérdida del poder adquisitivo del venezolano de clase media se calcula en alrededor 30%. El estrato C de la población venezolana consume "un tercio menos" de lo que tradicionalmente podía en 2015. La disminución en los estratos D y E está cercana al 17%.

Francisco Allen explica que el porcentaje en la clase baja es menor al de la media por el fenómeno del bachaqueo "que es una redistribución de la renta desde los estratos medios y altos hasta los bajos".

"La clase media toma múltiples medidas en la familia para costear los servicios básicos de un hogar. En los estratos bajos sin duda el bachaqueo es su opción. En los estratos medios la gente se está dedicando a liquidar ahorros para un poco tener ingresos por esa vía, así como las personas que puedan tener un segundo trabajo", manifiesta Allen.

Distribución del ingreso
En economía a medida que se desarrolla un proceso inflacionario las personas cambian su esquema de consumo. De acuerdo con la encuesta Ómnibus de febrero 2016 de Datanálisis, el venezolano destina en promedio 49,7% de sus ingresos para adquirir alimentos; 8,9% a cuidado personal y 8,4% a salud. Resalta que solo 2% de sus ingresos se destina al ahorro y 1,8% al pago de deudas. El 33% restante se distribuye entre otros rubros como transporte y educación.

"Hemos visto un cambio significativo en lo que es la distribución del presupuesto. En el año 2012 el hogar destinaba cerca del 42% de su ingreso a lo que es alimentos, mientras que hoy en día estamos hablando casi de 50% este año. En el estrato bajo, el E llega incluso a 52%. Que gastes más en alimentos no significa que estés comiendo más", menciona Allen.

Frecuencia de compras
Tal parece que la relación entre el tiempo invertido para comprar productos es inversamente proporcional a la cantidad de artículos que se adquieren. Según Datanálisis, en 2008 las personas hacían una compra de alimentos cada 10,3 días. El cambio más fuerte se registró en 2012 cuando el indicador bajó a 6,9 días. Este año el valor se ubica en una compra cada 3 días.

Aunque la brecha no es alta, sí existen ligeras diferencias por clase social en la frecuencia de adquisición. La clase media (estrato C) es quien realiza más visitas para buscar alimentos, se calcula que cada 2,9 días adquieren alimentos para su hogar mientras que la clase alta (A-B) lo hace cada 3,5 y la baja (E) cada 3,1.

"Declaran que el gasto promedio manifestado por compra es de más de Bs. 7.000 por visita, si esto lo vemos a que hacen visitas cada tres días, estamos hablando de dos visitas semanales, alrededor de ocho visitas al mes. Se van más de Bs. 50.000", puntualiza Francisco Allen.

Blindar el salario
Para el economista Oscar Torrealba el salario mínimo debería aumentar de acuerdo con el incremento de la productividad del trabajador y la demanda laboral. Considera que para mejorar el poder adquisitivo urge reactivar el aparato productivo para generar nuevos puestos de empleo. A su juicio, si no se frena la inflación prevista para este año se puede esperar que en 2017 el venezolano caiga en pobreza extrema aunque gane salario mínimo integral.

"Para proteger el poder adquisitivo debes invertir en activos. El tema es que el salario mínimo no lo permite. Invertir en activos o moneda extranjera son las opciones para protegerse de la inflación", destaca Torrealba quien desestima algunas propuestas de integrantes de la Mesa de la Unidad Democrática de ubicar el salario mínimo en el país a Bs. 200.000.

La CBST apuesta a que los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) "compensen los precios especulativos del sector privado". Carlos López espera que los CLAP sustituyan a mediano plazo los mecanismos tradicionales de distribución de alimentos. También confía en que este nuevo esquema aplaque las acciones de los revendedores de productos alimenticios. "Hasta ahora los comités están cubriendo las necesidades de productos básicos de mujeres y niños. Nos concentramos en el problema alimentación, con cuatro bolsas al mes obviamente está resuelto el problema de alimentación", afirma.

López reconoce que se necesita producir en el país. Por ello suscribe el llamado del Gobierno Nacional a la clase obrera para que exijan que continúen en funcionamiento las empresas privadas que están improductivas, sin importar las razones de la paralización. "Los ingresos económicos pueden ser hasta cierto punto insuficiente, pero si se aumenta la productividad puede aumentarse los ingresos de los venezolanos", asevera.

De mantenerse las condiciones actuales de la economía se puede esperar que crezca la pérdida del poder adquisitivo. Como consecuencia, el gasto destinado a la compra de alimentos sería más del 50% de los ingresos.

Anabella Abadi estima que durante lo que queda de año el Ejecutivo nacional aumente al menos dos veces más el salario mínimo. Prevé que para compensar el salto inflacionario estimado de 500%, los aumentos deberían ser "radicalmente altos". "Digamos en un escenario muy optimista y que los dos aumentos restantes sumen 70%, igualito no va a compensar la inflación de 2016", reflexiona Abadi.

Las variables económicas que influyen en el poder adquisitivo del venezolano se asemejan a un cáncer a punto de entrar en su etapa terminal, un horizonte nada alentador. El Ejecutivo Nacional está abocado a seguir desarrollando la Agenda Económica Bolivariana a través de los 14 motores productivos para garantizar una mejor calidad de vida en el país. No obstante, se espera que el poder de compra en Venezuela durante los próximos siete meses siga cayendo.

OSWALDO AVENDAÑO