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El modo caraqueño


Noviembre 17, 2014

Definitivamente el estilo caraqueño de oposición no es el más convincente. No le llega a la mayoría de los venezolanos que padecen el régimen de Nicolás Maduro. Es un modo refinado de denuncia o critica que no es el lenguaje de la mayaría del pueblo venezolano que reclama una diatriba más enérgica.

Todos los días las actuaciones del gobierno ofrecen un abanico de oportunidades para dejar en el piso al mayor peso pluma del gobierno. Los fenómenos políticos que ocurren son de tal grosor, que es inexplicable que en menos de cuarenta y ocho horas ya no sean noticia.

Los últimos acontecimientos ocurridos en cualquier parte del mundo, hubieran dejado al gobierno más sedimentado fuera del poder. Es inaudito que el gobierno le haya subido el 45% de los sueldos a los militares y el 15% al resto de la población y no exista un liderazgo que convoque a la mayoría civil a las calles. Que la policía se le esté entregando a colectivos, que no son sino pandilleros en varias partes del país y la Fuerza Armada no entienda que es cuchillo para su propia garganta es inaudito.
No se explica que la nación esté siendo víctima de una epidemia de dengue, chicunguya y otras fiebres, que no se encuentren los medicamentos, que se conozca que todo se debe a que el gobierno, avisado de los estragos que esta pandemia podía traer a la población, no tomara las previsiones necesarias y el pueblo permanezca callado.

Se sabe a ciencia cierta que los países vecinos fueron avisados de esta enfermedad, tomaron las previsiones, fumigaron y no están padeciendo lo que ocurre en Venezuela. De tal forma que la República Dominicana donde primero se detectó la enfermedad haya controlado el virus, con menos recursos que la petrolera Venezuela, que no esté causando estragos la chicunguya en Colombia, Haití, Panamá y las islas holandesas y angloparlantes vecinas y la tierra donde una "revolución" se pavonea de ser el mejor país del mundo, tenga a seis de cada diez venezolanos en cama, con dolores de cabeza, en las articulaciones, diarrea, fiebre y malestar general.

La enfermedad debiera llamársele la chavarrea, porque ya es propia de Venezuela, al punto que países como Paraguay, Chile y Colombia están aislando a los pasajeros que llegan desde Caracas.

No es época de una oposición con romanticismos y frivolidades. La oratoria que requerimos es la de Monseñor Roberto Lükert León, sobria pero enérgica. Porque no estamos frente a apóstoles socialistas, ni ante socialistas científicos, ni ante marxistas honestos. Se trata de una clase política para la cual el poder es hacer dinero. Entramos al siglo XX con un presidente analfabeto y estamos en el siglo XXI con un presidente que no ha pasado por las aulas .universitarias, este retrato lo dice todo.

A un gobierno inepto se le saca del poder con palos diarios, hasta que la piñata cae al suelo, por los votos u otras circunstancias. Necesitamos una oposición con un lenguaje de provincia, sin tapujos.

Julio Portillo