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El impeachment de Dilma


Abril 20, 2016

En el momento de escribir estas líneas aún no se ha producido la votación en el Congreso de Brasil que va a decidir el destino de Dilma Rousseff. Hagamos un pequeño recuento de lo que ha ocurrido, de lo que puede ocurrir y de cuáles serían las consecuencias.

Dilma es la heredera escogida a dedo por Lula. Su trayectoria es de luchas y confrontaciones. En su juventud estuvo afiliada a las organizaciones de extrema izquierda, enfrentándose a las dictaduras militares de su país y militando en la organización revolucionaria marxista Política Obrera y el grupo Guerrillero Colina. Detenida en 1970 fue torturada y un tribunal militar la condenó, permaneciendo presa durante tres años.

En el 2001 ingresó en el Partido de los Trabajadores (PT), encabezado a nivel nacional por Lula da Silva quien, al asumir la presidencia en 2002, la nombró Ministro de Minas y Energía. Presidió el Consejo Directivo de Petrobras, el gigante petrolero del Brasil. Tras el escándalo de las mensualidades (mensalão) pasó a ser Jefe del Gabinete de Lula. El 31 de marzo de 2010 se presentó a la presidencia de Brasil, resultando electa en segunda vuelta. El 11 de enero del 2011 asume como la primera mujer que alcanza el cargo de Presidente en Brasil y después fue reelecta para un segundo período.

Su antecesor Lula da Silva había ascendido, hasta alcanzar la presidencia del Brasil como un combativo líder sindical que en el año 1990 había sido junto con Fidel Castro el protagonista del Foro de Sao Paulo, donde los partidos de izquierda latinoamericanos se relamían las heridas convencidos de que los sucesos en la URSS los había reducido a la nada. En efecto, durante un lapso relativamente corto se había derrumbado la Cortina de Hierro concebida por Stalin, se había venido a pique el Pacto de Varsovia que servía de salvaguarda militar a las naciones comunistas, el presidente comunista -Jaruzelsky- de Polonia había caído vencido por Lech Walesa; había caído también el Muro de Berlín construido por orden de Nikita Krushev para impedir que los ciudadanos de Alemania Oriental huyeran en tropel hacia Alemania Occidental. Finalmente en 1991 el comunismo fue derrotado en la propia URSS, que se desintegró en 15 países.

El sistema había muerto por incompetente en el seno mismo de la segunda nación más poderosa del mundo. Es el fin de la historia proclamó Fukuyama. El mundo había pasado a ser unipolar. El capitalismo había vencido.

Ese fue el escenario bajo el cual se reúne el Foro de Sao Paulo en 1990. Allí se trazan estrategias para tratar de revivir a las izquierdas latinoamericanas. No sabían ellos que la historia les depararía una nueva oportunidad.

En efecto, naciendo el Siglo XXI un suceso económico vendría a cambiarlo todo: impulsados por el crecimiento de China, los precios de las materias primas experimentaron alzas inusitadas. Ese "súper ciclo de commodities" fue como un maná caído del cielo para el populismo.

Deslumbrado por los precios del petróleo y aconsejado por Fidel Castro, desde Venezuela Hugo Chávez comienza a darles respiración artificial a sus correligionarios. Casi en fila india llegan a la presidencia Lula en Brasil, Kirshner en Argentina, Fernando Lugo en Paraguay, Evo en Bolivia, Correa en Ecuador, Ortega en Nicaragua. Pertenecían a la misma especie. Latinoamérica se volvió chavista, o lulista, o kirshnerista. En dos platos Latinoamérica se volvió populista.

Pero ahora la rueda de la historia giró. Hoy los precios del petróleo, del hierro, del acero, del níquel, del cobre, del estaño, del trigo y la soya y, en general, de todas las materias primas -que habían dotado a estos gobernantes de posibilidades rara vez imaginadas- se están viniendo a pique. Aquellos gobernantes se están viniendo a pique también en fila India. Todos ellos fueron demagogos y todos desperdiciaron inmensas oportunidades incurriendo en espantosos casos de corrupción. Como hubiera dicho Andrés Eloy Blanco, fueron vapores de la fantasía.

Para el momento en que estas líneas aparezcan publicadas es probable que un nuevo episodio de la tragedia de las izquierdas ya se haya escrito. Es probable que la plenaria de la Cámara de Diputados del Brasil haya votado por el impeachment de Dilma y que dentro de pocos días el Senado del Brasil la saque del poder. Lula, quizá, esté en las puertas de la cárcel.

Un Mercosur rejuvenecido bajo el liderazgo de Macri en Argentina, Temer en Brasil y Horacio Cártens en Paraguay, presionará a Tabaré Vásquez para acudir en auxilio de la democracia en Venezuela, a quien podrían aplicarle la Claúsula Democrática del Protocolo de Ushuaia. Le seguiría la OEA. El gobernante venezolano podría quedar deslegitimado.

En fin, la historia está tomando nuevos rumbos y los vientos que traen consigo no lucen favorables a los gobernantes populistas.

JOSÉ TORO HARDY