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El gran viraje


Septiembre 01, 2014

Dos grandes etapas en la orientación económico-social del presente régimen, pueden distinguirse desde 1999. La propuesta de Hugo Chávez (1998) para transformar a Venezuela, en su primera campaña electoral, descansaba en la idea de "Una revolución democrática", fundamentada en "un sistema económico competitivo, que apoyándose en las ventajas comparativas y competitivas de nuestro país, genere productos capaces de satisfacer las necesidades de la población y competir con las mercancías extranjeras". Se proponía la diversificación de la economía. El Estado debía ser promotor del desarrollo, la eficiencia y la equidad. Se proponía darle "prioridad a la inversión privada nacional, mediante un proceso de formación de nuevos capitales nacionales".

En el programa de transición (1999-2000), se estableció como objetivo un "modelo de desarrollo basado en la competitividad y el crecimiento económico para lograr la equidad. Los tres objetivos prioritarios eran: crecimiento sostenido y diversificado, reducir la inflación y aumentar el nivel de empleo.

En el Plan 2001-2007, ajustado plenamente a la Constitución de 1999,se propone "un sistema productivo diversificado, competitivo, abierto a los mercados internacionales, basado en la iniciativa privada y con presencia del Estado en industrias estratégicas, pero con apertura a la inversión privada aguas abajo del tejido industrial". Se enfatizaba en que la productividad y la eficiencia serian la base de la rentabilidad empresarial. Se aspiraba a invertir el 20 por ciento del PIB. Todavía el régimen no hablaba de Socialismo. No había presencia cubana. La economía de mercado funcionaba sin problemas críticos. Pero después del referéndum del 2004 y de la IV Cumbre de Deuda Social de 2005, de manera sorpresiva e irresponsable, Hugo Chávez plantea al Socialismo, como único camino viable para el país, sin discutirlo con nadie.

En 2006 afirma que votar por él, era hacerlo por el Socialismo. Ocurre entonces "el Gran Viraje económico" con el Primer Plan Socialista de la Nación (2007-2013), basado en cinco ejes: nueva ética socialista, la suprema felicidad social, la democracia protagónica y revolucionaria, el modelo productivo socialista y la nueva geopolítica nacional. El régimen suponía que la reforma constitucional de 2007 sería aprobada, y no lo fue. Se demandó la inconstitucionalidad del Plan. La Sala Constitucional se negó a entrar en el fondo del asunto, al ni siguiera admitir el recurso sin razón alguna. Desde ese año el régimen viene funcionando con dos Constituciones, una formal y otra informal, pero real. El Segundo Plan Socialista (2013-2019) profundiza el primero. Este "es un programa de transición al Socialismo y de radicalización de la democracia participativa y protagónica". Se propone "pulverizar completamente la forma de Estado burguesa que heredamos". Igualmente, acelerar el cambio del sistema económico, a través de un Estatismo exagerado (totalitarismo), debilitando la sociedad civil y la iniciativa privada, acabando con la economía de mercado, instaurando un Estado Comunal y una economía con propiedad social. Y todo ello, sin separación de poderes ni Estado de Derecho.

Gracias a esto, en los últimos siete años el país y su economía se han venido abajo. Estamos experimentando un proceso paulatino de estancamiento con creciente inflación. Cada vez dependemos más del exterior, en una coyuntura de cambios importantes en el mercado petrolero. Ya el rentismo petrolero comenzó su auto agonía. Y sin renta petrolera creciente, este Socialismo marxista no tiene ningún futuro. En consecuencia, si el régimen quiere mantenerse unos años más, debe volver la mirada a su orientación inicial (1999-2007).Solo promoviendo un sistema económico mixto, diversificado competitivo, abierto a los mercados internacionales, donde el Estado actúe en conjunto con la iniciativa privada, sin dogmas ideológicos, como lo establece la Constitución en el artículo 299, podremos superar la grave crisis que nos agobia en todos los órdenes. Es ese el gran viraje que el país requiere. Lo demás, son utopías trasnochadas y fracasadas en la historia.

Jorge Sánchez Melean