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El gobierno anterior


Octubre 21, 2014

"Creyéndose un constructor del futuro, Chávez en realidad fue un restaurador del pasado". Enrique Krauze.
El gobierno actual está sufriendo las consecuencias de la irresponsabilidad, el capricho, la indecencia y la incapacidad del gobierno anterior. Sólo que a esas características se suma ahora, para desgracia de varias generaciones de venezolanos, la inescrupulosidad, la ignorancia y la soberbia de quienes están asidos al poder, violentando los principios de la democracia como lo son el respeto y la tolerancia.

Lidiamos ahora con un grupo de desadaptados con muchos recursos, con rasgos totalitarios, insensibles al dolor ajeno y con un claro propósito de infundir terror procurando que el miedo paralice a la población y les permita con mayor facilidad perpetuarse en el poder. El régimen no quiere, o mejor dicho, no se atreve a hablarle claro al país. No es cierto que se tenga el control sobre el negro escenario que se avecina. Hoy somos mucho más dependientes de un solo producto de exportación lo cual nos hace más vulnerables. Tampoco es cierto que tengamos gobernabilidad sobre las variables de producción y precios del petróleo en el complejo mundo del mercado de los hidrocarburos y tampoco tenemos influencia sobre los intereses geopolíticos y geoeconómicos que los controlan.

La realidad nos sorprendió sin estrategia frente a los competidores y los aliados y sin alternativas frente al desarrollo científico y tecnológico de las grandes potencias. Venezuela es sólo una brizna de paja en el viento arrojada por el gobierno anterior y acechada por los aprovechadores de oficio.
Por eso, no me canso de insistir en que la lucha de todos los demócratas por convicción exige más unidad, más inteligencia, más valor y más desprendimiento. El país se encuentra agonizante y sus condiciones hacen prever que todavía falta lo peor. Todas las luces rojas en el tablero se han encendido desde hace mucho tiempo, pero, la ebriedad de poder no permite tomar conciencia de la gravedad de la situación y la ambición personal tampoco.

Neuro J. Villalobos Rincón
nevillarin@gmail.com