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El fin de un ciclo


Agosto 26, 2014

Todo parece indicar que en Venezuela, está llegando a su fin el ciclo del petróleo, que comenzara hace un siglo. Ese periodo puede dividirse en dos etapas. La primera de setenta años aproximadamente, fue de progreso en general, en lo económico, social y político, especialmente después de 1943, año en que se aprobó una ley de Hidrocarburos. Los indicadores macroeconómicos y sociales pusieron de manifiesto un crecimiento sostenido a tasas envidiables por cualquier país.

A fines de los años setenta del siglo XX, llegamos a tener el mayor producto percapita en la América Latina. Pero desde los años ochenta hasta hoy, se ha puesto de manifiesto una segunda etapa en el ciclo del petróleo. Aun con precios más altos que en el pasado, hemos vivido en medio de crisis recurrentes y un empobrecimiento creciente. Nos hemos convertido en un país y una economía cada vez más dependientes del petróleo. Paulatinamente nos hemos quedado atrás en América Latina y en el mundo.

El creciente rentismo petrolero ha destruido la estructura productiva que conformamos después de adoptar la política de sustitución de importaciones en los años cincuenta. Cada vez producimos menos bienes y dependemos en mayor medida de las importaciones. Atrás quedo el crecimiento sostenido a tasas envidiables. Ya el ingreso petrolero, a pesar de su magnitud, tiene menos efectos dinamizadores sobre el crecimiento del PIB.Y todo ello acontece cuando en el mercado petrolero mundial se están dando cambios de gran significación, tanto por el lado de la demanda como de la oferta. Dentro de muy pocos años, los EEUU dejaran de importar petróleo. Los países del medio oriente y del norte de África se convertirán en fuertes competidores de Venezuela en los mercados emergentes de China y la India.

En consecuencia, como lo afirmara recientemente A Quiros Corradi, "el futuro de nuestra industria petrolera cuelga de un hilo muy delgado. Pero aun, lo que está en juego es el futuro del país porque, hagamos lo que hagamos, los ingresos que producirá el petróleo, por si solos, no alcanzaran para financiar la recuperación del desastre en que nos dejara este régimen". Por todo ello, ante las incertidumbres del futuro, un país como Venezuela, con reservas suficientes todavía de hidrocarburos, debería echar el resto, antes de que concluya definitivamente el ciclo del petróleo. Se debería invertir entonces lo necesario para tener un potencial de producción mayor que la demanda estimada. Venezuela debería prepararse para sucesos inesperados, por ejemplo, en el Medio Oriente, cuando los EEUU pierdan interés por la estabilidad en esa región, al no depender de sus importaciones petroleras.

Es evidente, que Venezuela está ante el tremendo reto de enfrentar con éxito, no la pamplinada del tránsito del "capitalismo salvaje" al "Socialismo del siglo XXI", sino el reto del tránsito de una economía rentista a una no rentista en los próximos veinticinco años. Pero, cuando tenemos un país endeudado, con atraso tecnológico y educativo, en medio de gran inseguridad y corrupción y totalmente desprestigiado desde el punto de vista internacional, ello se hace más difícil. Solo una verdadera revolución no estatista, sin ataduras ideológicas e impulsada por los mejores venezolanos, más allá de sus 'posiciones políticas, podrá lograrlo, sembrando lo que aún nos queda del petróleo. Esos recursos del fin del ciclo petrolero, deberían ser el motor para transformar la actual estructura económica, monoproductora y monoexportadora, en otra diversificada y competitiva, para crecer hacia afuera en base a exportaciones no tradicionales. Solo entonces entraremos con paso firme en el siglo XXI.

Jorge Sánchez Melean