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El dominio despótico


Noviembre 26, 2014

Es evidente que en un régimen político híbrido como el de Venezuela, que no es una democracia ni tampoco una dictadura, el abuso de la concesión de la habilitación legislativa al Poder Ejecutivo, a lo largo de los últimos quince años, es uno de los aspectos que ha contribuido más a caracterizarlo como una pseudodemocracia o un tipo especial de autoritarismo.

En los tres quinquenios últimos se han aprobado cinco leyes habilitantes. Más del cincuenta por ciento de las leyes aprobadas han emanado del Poder Ejecutivo, sin consulta alguna con nadie. Por esa vía irregular y solo justificable en situaciones de emergencia, se han aprobado las leyes más importantes del país.

El Poder Legislativo ha quedado para lo secundario, para lo intrascendente. La concentración del poder en el Ejecutivo Nacional y en el presidente de la República, de manera especial, han vulnerado la majestad y autoridad del Poder Legislativo. Prácticamente este poder ha traspasado al gobierno su atribución más importante: la de legislar. Y además, el resto de los poderes incluyendo al legislativo, no han ejercido plenamente la vigilancia y el control sobre el Poder Ejecutivo.

En consecuencia, en este régimen hibrido venezolano, del tipo de los autoritarismos competitivos, solo formalmente existen instituciones democráticas, que son utilizadas de manera abusiva por quienes detentan el poder. Una de las características más resaltantes de este tipo de regímenes, es hacer nula la división de poderes y en tal propósito la habilitación legislativa juega un papel clave.

En Venezuela, es cada vez más imperceptible el contrapeso que ejercen los diferentes poderes entre sí. No hay diferencia alguna entre Estado y gobierno. El jefe del Estado es simplemente el líder de un proyecto hegemónico de una mayoría circunstancial. No en balde, con el mayor descaro y desfachatez, quien ejercía la Presidencia del TSJ en 2009, Luisa Estela Morales expresó: "No podemos seguir pensando en una división de poderes porque eso es un principio que debilita al Estado", agregando días después, que "existe una odiosa separación y división de poderes creada para impedir el encuentro constante.

La clásica división de poderes impidió que el Estado se erigiese como uno". Sin embargo, tal irrespeto a la Constitución, que merecía una inmediata destitución de esa funcionaria, no fue rechazada contundentemente por un país adormecido. El proceso de concentración del poder continuo.

Después de esas infelices declaraciones se han aprobado dos leyes habilitantes más, con gravísimas consecuencias. Ramón J. Velázquez, historiador y venezolano de excepción expreso en 2008: "Los decretos ley perfeccionan un control casi total sobre la economía y los factores de producción del país, el ejercicio de dominio sobre la sociedad y el autoritarismo militarista en el ejercicio del poder público. El control sobre la economía le facilita el puente para el control sobre la sociedad…hoy no es que vamos a un modo de dominio despótico, sino que estamos bajo un dominio despótico". La concentración de poder no es imprescindible para que un gobierno ejerza su vocación social. Como bien lo ha expresado el historiador mexicano E. Krauze, "La personificación del poder en Venezuela existe de forma mucho más acusada que en ningún otro país" y "La democracia no es la entrega de todo el poder o su delegación completa a un individuo". En consecuencia, ya es hora de acabar con un Estado de Excepción continuado, a través de habilitaciones legislativas sin límites de ninguna naturaleza. Ya es hora pues de acabar con este dominio despótico de un régimen autoritario que está violando descaradamente los principios fundamentales de la Constitución.

Jorge Sánchez Melean