Síguenos en: Menu

El disfraz revolucionario


Febrero 11, 2015

"Pululan hombres respetados en fuerza de no descubrírseles bajo el disfraz; bastaría penetrar en la intimidad de sus sentimientos, un solo minuto, para advertir su doblez y trocar en desprecio la estimación." José Ingenieros.

Que Venezuela sea catalogado como el país peor gobernado del mundo no nos debe sorprender, aunque si avergonzar. Somos un ejemplo, a nivel histórico y planetario, de lo que no debe hacerse tanto en economía como en política. En el primer aspecto, el desbarajuste es de tal magnitud, que nuestra calidad de vida hoy se compara y se asemeja con el de Calcuta. En política, su ejercicio ha llegado a niveles de degradación tan detestables que se nos considera como un Estado forajido y fallido. Es decir, el Estado se ha convertido en nuestro más grande problema.

Haber tenido un fabuloso ingreso de divisas que se calcula alrededor de un billón de dólares en década y media de ejercicio del poder, si se hubiera administrado bien y limpiamente, hubiera dado para construir el paraíso terrenal, pero no, para mayor desgracia, se endeudó al país en cifras cercanas a los 200mil millones de dólares y los niveles de pobreza crítica y extrema se han disparado a niveles preocupantes, nunca antes sufridos por los venezolanos.

La inmoralidad política nos ha ubicado en el tercer país en tener dinero "oculto" en Suiza, eso sin indagar en otros paraísos fiscales que ya irán apareciendo en la medida en que brote la traición incubada en las frías paredes de las instituciones del Estado.

Este gobierno muy acostumbrado a las decisiones arbitrarias, tomadas por un poder ejecutivo y militar actuando como órganos judiciales, no actúan de la misma manera frente a las denuncias nacionales e internacionales en contra de la "boliburguesía" nacida y cobijada por una falsa revolución, cuyo ideal de lucha se ha trastocado en la defensa a ultranza de su permanencia en el poder no para poder hacer, sino para poder tener.

En el ambiente jurídico se dice que los brazos de la justicia son muy largos. Esperemos que llegue hasta los confines del mundo no sólo para que sea implacable con los enriquecidos ilegalmente sino para que recupere esos recursos que servirían para paliar el endeudamiento comprometedor del país. A esos falsos revolucionarios hay que desenmascararlos porque son los verdaderos culpables del genocidio venezolano que son víctimas del hampa, del hambre y de un descalabrado sistema de salud.

Neuro J. Villalobos Rincón
nevillarin@gmail.com