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El cambio fundamental


Diciembre 04, 2014

Pretender construir al denominado Socialismo del siglo XXI, en medio de cambios estructurales de largo plazo en el mercado petrolero, contrarios a lo que ha acontecido durante el último siglo, no solo es violatorio de la Constitución, sino que desde el punto de vista económico es una total insensatez. Es contrario a la Constitución porque el artículo 299 deja claro que el sistema socioeconómico venezolano es de Economía Mixta y Social de Mercado, como lo ha expresado la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia en varias sentencias.

Tal sistema debe respetar los principios de "justicia social, democracia, eficiencia, libre competencia, protección del ambiente, productividad y solidaridad", de manera que "El Estado conjuntamente con la iniciativa privada, promoverá el desarrollo armónico de la economía nacional". En consecuencia, empeñarse en construir un nuevo "modo de relaciones sociales" que tenga como "base fundamental la recuperación del valor del trabajo como productor de bienes y servicios "siendo para ello "necesario el desarrollo de la propiedad social sobre los factores y medios de producción básicos y estratégicos", sin poder disponer del patrimonio individual y familiar, es evidentemente contrario a lo que establece la constitución económica vigente. Pero además, empecinarse en imponer un segundo Plan Socialista de Desarrollo (2013-2019) de "transición al socialismo", en medio de cambios sin retorno en la economía mundial del petróleo, que cada vez debilitan más al Petroestado que hemos construido durante el último siglo, es una verdadera locura, propia de ideólogos trasnochados.

Pensar, en medio de la grave crisis financiera y social que se nos avecina en "un nuevo metabolismo para la transición al socialismo" mientras cada día se destruye la estructura económica y cierran numerosas empresas privadas. Inventar una "guerra económica" en los laboratorios cubanos que asesoran al régimen, para justificar el fortalecimiento de la planificación centralizada y la imposición de un sistema de fijación de "precios justos" que acabe con los mecanismos del mercado y poder arremeter contra la empresa privada en nombre del acaparamiento, la especulación y la usura. Y todo ello, para justificar "la participación protagónica del Poder Popular"(Consejos comunales y Comunas) sin sustento constitucional, que debe desarrollar "un nuevo modelo productivo diversificado, sustentado en la cultura del trabajo", a través de "empresas" de propiedad social directa e indirecta, es la mayor insensatez que gobierno alguno pueda plantearse cuando iniciamos el siglo XXI, en un mundo globalizado y competitivo.

Este modelo económico ni siquiera funcionaria con altos precios del petróleo como lo hemos visto. Pero será totalmente inviable con los cambios irreversibles que experimenta el mercado petrolero. En consecuencia, si los venezolanos, que ya estamos experimentando el grave deterioro de nuestro nivel de bienestar, aceptamos que se nos imponga inconstitucionalmente, un sistema económico fracasado en todas sus experiencias reales, estaremos cavando nuestra propia tumba. Por ello, cuando estamos en la antesala de años terribles como los que nos vienen, debemos expresar al régimen que no se burle de nosotros proponiendo cambios tan pueriles como rebajar los sueldos a funcionarios, que ya tienen muchos de ellos solidas fortunas en el exterior.

El cambio fundamental que Venezuela requiere para encarar los retos del futuro, es olvidarse del Socialismo del siglo XXI, para hacer realidad una Economía Mixta y Social de Mercado, donde el Estado, conjuntamente con la iniciativa privada ,promueva el desarrollo armónico de la economía nacional, sin ataduras ideológicas y con el concurso de todos los venezolanos capacitados para ello. Solo así este país poseedor de inmensas riquezas no utilizadas, dejara de ser un país pobre como lamentablemente lo es hoy. Con el Socialismo del siglo XXI seguiríamos siendo un país pobre y a la larga seriamos también un pobre país.

Jorge Sánchez Melean