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Efrén Gutierrez: La Revolución Digital y las Impresoras 3D


Julio 30, 2017

Uno de los componentes más importantes de la Revolución Digital que se desarrolla actualmente en el mundo, especialmente en la producción o fabricación de bienes, son las impresoras 3D.
De acuerdo a Wikipedia, "una impresora 3D es una máquina capaz de realizar réplicas de diseños en tres dimensiones (3D), creando piezas o maquetas volumétricas a partir de un diseño hecho por computador (CAD), descargado de internet o recogido a partir de un escáner 3D. Surgen con la idea de convertir archivos de 2D en prototipos reales o 3D. Comúnmente se ha utilizado en la prefabricación de piezas o componentes, en sectores como la arquitectura y el diseño industrial. En la actualidad se está extendiendo su uso en la fabricación de todo tipo de objetos, modelos para vaciado, piezas complicadas, alimentos, prótesis médicas (ya que la impresión 3D permite adaptar cada pieza fabricada a las características exactas de cada paciente), etc."
Recientemente, la Marina de Estados Unidos anunció, incluso, la fabricación de un submarino con impresión 3D, el cual se espera que esté operativo para el año 2019. Asimismo, se pronostica que, para el año 2025, entre otros, se produzcan a través de este método, los siguientes: el primer vehículo, el 5% de los productos que consumamos y el primer trasplante de hígado. Es decir que, la gama de productos que se podría fabricar es bastante amplia y variada.
Existen básicamente cuatro modelos comerciales de estas impresoras:
de sinterización láser, donde un suministrador va depositando finas capas de polvo de diferentes metales (acero, aluminio, titanio...) y un láser a continuación funde cada capa con la anterior.
de estereolitografía, donde una resina fotosensible es curada con haces de luz ultravioleta, solidificándola.
de compactación, con una masa de polvo que se compacta por estratos.
de adición, o de inyección de polímeros, en las que el propio material se añade por capas.
En cuanto al modelo de compactación, existen dos tipos :
Impresoras 3D de tinta: utilizan una tinta aglomerante para compactar el polvo. El uso de una tinta permite la impresión en diferentes colores.
Impresoras 3D láser: Es un láser que transfiere energía al polvo haciendo que se polimerice. Después se sumerge en un líquido que hace que las zonas polimerizadas se solidifiquen.
El desarrollo de la mayoría de las impresoras 3D de fabricación aditiva que conocemos hasta ahora surgió a partir de un proyecto llamado Rep Rap que se fundamenta en la capacidad de una impresora de replicarse e incluso mejorarse, la idea surgió del Dr. Adrian Bowyer de la Universidad de Bath, en Reino Unido, en 2005.
De acuerdo a la página especializada 3Dnatives, entre las impresoras más recomendadas para un pequeño taller de fabricación digital o Mini Fab Lab, tenemos:
Sintratec S1 Kit, de tecnología SLS (Sintetizado directo de metal por Láser). Tiene volumen de impresión de 110x110x110mm y una resolución de 16 micras en el área y 100-150 micras de altura capa.
Ultimaker Original+, ofrece una precisión de 20 micras en 3 ejes, velocidad de 300 mm/s y un volumen de impresión de  210 x 210 x 205 mm.
Rostock Max V3, que es la tercera generación de esta impresora creada por SeeMeCNC, uno de sus principales atractivos es su gran volumen de impresión de 275 x 275 x 400 mm, una anchura de capa de 0.1 mm
Kiwi 3D de Sharebot, dispone de un volumen de impresión de 140 x 100 x 100 mm, tiene una altura de capa mínima de 0.01mm, además cuenta con una pantalla LCD que facilita su manejo.
Hephestos 2 de BQ, tiene un volumen de impresión de 210 x 297 x 220 mm, una resolución de hasta 50 micras por capa y puede imprimir en materiales como el PLA, HIPS o el FilaFlex.
Los precios de estas impresoras varían desde los 5.000 hasta los 1.000 USD, lo cual las hace bastante asequibles para pequeños negocios de fabricación digital o hasta para el uso en el hogar.
Para escoger la impresora más idónea, es necesario entonces determinar qué tipo de material se va a utilizar, qué modelo comercial permite utilizar ese material, qué precisión se requiere y cual es la más accesible a nuestro presupuesto. Todo ello, conjuntamente con el método para obtener los diseños de los productos a fabricar (propios o a través del sistema online).
Para algunos, con las impresoras 3D nos podemos plantear un futuro para la innovación que es casi de Ciencia Ficción, pero que es fascinante y sobre todo real. En muchos productos no habría necesidad de tener recambios en stock de todos los componentes, ya que sería suficiente con conectarse vía Internet con la máquina o producto estropeado, un sistema interno informaría de las piezas estropeadas, se enviarían a imprimir los diversos recambios para que el trabajador de turno pudiera substituirlas, con lo que el servicio sería más eficiente para el cliente porque no tendría que sufrir algunos dobles viajes a "buscar una pieza que no he traído".
Sea a través de un Mini Fab Lab, un Fab Lab o el proyecto Fab City (el cual tiene como una de sus metas para 2054 que, el 50% de los productos que se consuman en la ciudad que lo abrace sean fabricados localmente), las impresoras 3D, auguran una abundancia sostenible de bienes que mejorarán la calidad de vida de toda la población del planeta.

Maracaibo, 30 de julio de 2017
Econ. Efrén Gutiérrez – @efrengut - efrenguti@gmail.com