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Efrén Gutiérrez: 7 maneras de pensar como un economista del siglo XXI


Diciembre 06, 2017

Este es el título del más reciente libro dela economista Kate Raworth, Senior Visiting Research Associate en el Environmental Change Institute de la Universidad de Oxford, donde enseña en el Master en Cambio y Gestión Ambiental. Ella es además, Asociada Senior en el Instituto de Cambridge para el Liderazgo de Sustentabilidad. También ha estado por una década como Investigador Senior en Oxfam.
Raworth tuvo una destacada participación en el recién culminado Disruptive Innovation Festival 2017 (DIF 2017), donde el día 15/11/2017, se realizó una sesión titulada como su Libro "De que manera pensar como un economista del siglo XXI".
Según Raworth, las llamadas siete maneras, se pueden enumerar de la siguiente forma: 1) Cambiar el objetivo; 2) Ver la gran panorámica; 3) Nutrir la naturaleza humana; 4) Pensar en forma sistémica; 5) Diseñar para distribuir; 6) Crear para regenerar; y, 7) Ser agnóstico sobre el crecimiento.
Primero, cambiar el objetivo. Durante más de 70 años, la economía se ha enfocado en el PIB, o el producto nacional, como su principal medida de progreso. Esa enfoque se ha utilizado para justificar las desigualdades extremas de ingresos y riqueza junto con la destrucción sin precedentes del mundo viviente. Para el siglo veintiuno, se necesita un objetivo mucho más grande: satisfacer los derechos humanos de cada persona dentro de los medios que brinda nuestro planeta. Y ese objetivo está encapsulado en el concepto de Doughnut. El desafío ahora es crear economía -de local a global-, que ayude a traer a toda la humanidad al espacio seguro y justo de Doughnut. En lugar de buscar un PIB cada vez mayor, es hora de descubrir cómo prosperar en equilibrio.
En segundo lugar, ver el panorama general. La economía dominante representa la economía en su totalidad con solo una, extremadamente limitada imagen del diagrama de flujo circular. Sus limitaciones se han utilizado, además, para reforzar una narrativa neoliberal sobre la eficiencia del mercado, la incompetencia del estado, la domesticidad del hogar y la tragedia de los comunes. Es hora de volver a dibujar la economía incoporándola dentro de la sociedad y dentro de la naturaleza, y energizada por el sol. Esta nueva representación invita a nuevas narrativas sobre el poder del mercado, la asociación del estado, el papel central del hogar y la creatividad de los bienes comunes.
En tercer lugar, alimentar la naturaleza humana. En el corazón de la economía del siglo XX aparece el retrato del hombre económico racional: nos ha dicho que somos egoístas, aislados, calculadores, de gusto fijo y dominantes sobre la naturaleza, y su retrato ha dado forma a lo que nos convertimos. Pero la naturaleza humana es mucho más rica que esto, como revelan los primeros bocetos de nuestro nuevo autorretrato: somos sociales, interdependientes, aproximativos, fluidos en valores y dependientes del mundo viviente. Además, de hecho es posible nutrir la naturaleza humana en formas que nos dan una perspectiva mucho mayor para entrar en el espacio seguro y justo del Doughnut.
Cuatro, entender los sistemas. El icónico entrecruzamiento de las curvas de oferta y demanda del mercado es el primer diagrama que encuentra cada economista. pero este, está enraizado en metáforas extraviadas del equilibrio mecánico del siglo XIX. Un punto de partida mucho más inteligente para entender el dinamismo económico es el pensamiento sistémico, resumido por un simple par de bucles de retroalimentación. Situar tales dinámicas en el corazón de la economía abre muchos nuevos puntos de vista, desde el auge y la caída de los mercados financieros hasta la naturaleza autorreforzante de la desigualdad económica y los puntos críticos del cambio climático. Es hora de dejar de buscar las esquivas palancas de control de la economía y comenzar a administrarla como un sistema complejo en constante evolución.
En quinto lugar, diseñar para distribuir. En el siglo XX, una curva simple -la Curva de Kuznets- nos susurró un poderoso mensaje sobre la desigualdad: tiene que empeorar antes de que pueda mejorarse, y el crecimiento (eventualmente) lo levantará. Pero la desigualdad, según parece, no es una necesidad económica: es un fracaso en el diseño. Los economistas del siglo XXI reconocerán que hay muchas formas de diseñar economías para que sean mucho más distributivas del valor que generaron, una idea mejor representada como una red de flujos. Significa ir más allá de la redistribución del ingreso para explorar formas de redistribuir la riqueza, particularmente la riqueza que se encuentra en el control de la tierra, la empresa, la tecnología, el conocimiento y el poder para crear dinero.
Seis, crea para regenerar. La teoría económica ha representado durante mucho tiempo un entorno "limpio" como un bien de lujo, asequible solo para los acaudalados. Esta visión fue reforzada por la Curva Ambiental de Kuznets, que una vez más susurró que la contaminación debe empeorar antes de que pueda mejorar y el crecimiento (eventualmente) lo limpiará. Pero no existe tal ley: la degradación ecológica es simplemente el resultado del diseño industrial degenerativo. Este siglo necesita un pensamiento económico que desate el diseño regenerativo para crear una economía circular -no lineal- y para restaurar a los humanos como participantes plenos en los procesos cíclicos de vida en la Tierra.
Siete, ser agnóstico sobre el crecimiento. Un diagrama en la teoría económica es tan peligroso que actualmente nunca se dibuja: el del camino a largo plazo del crecimiento del PIB. La economía dominante considera el crecimiento económico sin fin como un deber, pero nada en la naturaleza crece para siempre, y el intento de vencer esa tendencia plantea preguntas difíciles en los países de altos ingresos pero de bajo crecimiento. Puede que no sea difícil renunciar al crecimiento del PIB como un objetivo económico, pero va a ser mucho más difícil superar su adicción a él. Hoy consideramos que las economías necesitan crecer, ya sea que nos hagan prosperar o no. Pero, lo que necesitamos son economías que nos hagan prosperar, crezcan o no. Ese cambio radical de perspectiva nos invita a volvernos agnósticos sobre el crecimiento y explorar cómo la economía que actualmente es adicta al crecimiento desde el punto de vista financiero, político y social podría aprender a vivir o sin él.

Maracaibo, 06 de diciembre de 2017
Econ.EfrénGutiérrez - @efrengut efrenguti@gmail.com