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Eduardo Martinez: La Muerte del Bolívar


Diciembre 17, 2016

LA REVOLUCIÓN MATÓ A BOLÍVAR Y A EL BOLÍVAR

Si decimos que "el Bolívar" murió, nos referimos al signo monetario venezolano. Si decimos simplemente que "Bolívar" murió, hablamos del Libertador Simón Bolívar.
En estos tiempos, no importa de cuál de las dos formas se exprese. Es triste decirlo, pero ambos han muerto.
La expresión, que pudiera ser tomada como irreverente, recoge dos realidades en una sola palabra: Bolívar. Como realidad, no depende del observador. Está allí su muerte, y es evidente.
El Libertador Bolívar muere físicamente en 1830. Mientras que su ideario, utilizado con cualquier fin desde 1992, ha muerto luego de 17 años de gobierno "bolivariano".
Tomado fuera de tiempo, como lema de un gobierno para hacer cualquier cosa, las citas históricas de Bolívar han servido para justificar épicamente los más variados desaguisados, y lo que es peor, para amparar las más graves violaciones de los derechos humanos que recuerde la historia, desde que el tristemente Nereo Pacheco, condimentaba las bebidas con vidrio molido para ir matando a los presos desde adentro.
En la medida en que se profundice la crisis actual que afecta a los venezolanos, encontraremos cada vez más, a menos venezolanos que quieran utilizar en su conversaciones esas citas.
Lo que no pudo la corona española en las primeras décadas del Siglo XIX, lo ha logrado la cúpula de movimiento de origen insurreccional: matar a Bolívar.

De la muerte de Bolívar,
a la muerte del Bolívar
En febrero del 1999, cuando el difunto presidente toma posesión de la presidencia, el dólar se cotizaba en 573,86 bolívares. Al momento de su muerte, la cotización había alcanzado los 22.800 bolívares. Un brinco de casi 40 veces.

El maquillaje del gobierno en 2008, había decretado la reconversión monetaria diseñando un "nuevo" bolívar, al cual le llamaron "bolívar fuerte", surgido de la división entre 1.000. Es así que los 22.800 bolívares que costaba un dólar en el 2013, quedarían registrados como sólo 22,8.
Si bien Nicolás Maduro se encargó de la presidencia de inmediato, para el momento de su juramentación en abril del 2013, el dólar se cotizaba en 24,18 bolívares fuertes, entiéndase 24 mil 180 bolívares de los de siempre.
Al cabo de casi 44 meses de la gestión presidencial de Maduro, el dólar se cotiza en 3.570 bolívares. Lo que representa un aumento de la cotización de 147,68 veces.
En 17 años de régimen chavista –de 1999 al 2016- los venezolanos pasaron de comprar un dólar por 573 bolívares, a tener que pagar por el mismo dólar nada más y nada menos que por 3 millones 570 mil bolívares.
Esa desproporcionada devaluación es una consecuencia de las políticas económicas del gobierno de Maduro, que ha sentado las bases para que en el país se haya dejado de producir los bienes y servicios que satisfagan las necesidades de 30 millones de venezolanos.

Sin embargo, la crisis generada es de tal magnitud, que una consecuencia como es la devaluación, se ha convertido a la vez en un acelerador de la crisis económica y de su consecuencia que más afecta el bolsillo de la gente: el aumento acelerado del costo de la vida.
Conclusión: el Bolívar murió. Un Bolívar no sirve para comprar nada. Por ello, ahora Maduro se ve obligado a recoger su gallo muerto.

Eduardo R. Martinez D.
ermartinezd@gmail.com
@ermartinezd
Visión Global
Caracas-Venezuela