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Dictadura


Mayo 15, 2014

Cuánto ha costado que ciertos sectores de la oposición califiquen definitivamente al régimen de Nicolás Maduro como dictadura. No se necesita demasiado esfuerzo para saber que un sistema de gobierno donde los poderes estén sometidos a la voluntad de un hombre o partido, exista violación de los derechos humanos, presos políticos, prohibición de manifestar sin permiso, exiliados, para catalogar este régimen como una dictadura.

Desde que se inició el llamado diálogo entre el gobierno y la oposición han aumentado las detenciones, torturas, allanamientos, insultos del mandatario a sus adversarios, convocatoria oficial a vigilar a los vecinos, represión de manifestaciones y sin embargo siguen los opositores llamando Presidente al mandatario, gobierno democrático a este régimen e incluso se habla de que han abogado en el exterior para evitar sanciones al gobierno venezolano.

El gobierno de Nicolás Maduro no es un régimen intermedio entre dictadura y democracia. Ya el Profesor francés Maurice Duverger anunciaba en los años sesenta del siglo pasado, que América Latina se encaminaba a la aparición de regímenes de democracia precaria, tutelaje militar o sencillamente de sistemas de partido dominante, donde los militares con un populismo de izquierda, pero aferrados al poder con la dureza de la represión, dificultarían la clasificación de estos gobiernos.

Con un discurso tibio, eufemismos, medias tintas, cortesías, no se hará otra cosa que confundir a la opinión pública internacional. Lo que ocurre en Venezuela no son exaltaciones de un día, se trata de un proceso lleno de altas y bajas para denunciar la dictadura. Los estudiantes y la sociedad civil están librando una lucha contra la ilegalidad e ilegitimidad de un gobierno que se mantiene en el poder apoyado por una camarilla militar con un prontuario conocido por la Interpol.

Dos variables históricas ayudan a interpretar lo que ocurre. La guerra de independencia de Venezuela duró más de catorce años. La recomposición del país después de la caída de la dictadura de Pérez Jiménez duró menos de un año. En efecto, en menos de un año en 1958, regresaron los exiliados, se liberó a los presos políticos, se reorganizaron los partidos y sindicatos, hubo campaña electoral y el 4 de diciembre teníamos electo del nuevo Presidente. Esto es un récord mundial. Lo último que se pierde es la esperanza.

Los días de Maduro siguen contados. El Tribunal Penal Internacional de Roma espera por Miguel Rodríguez Torres, Luisa Estela Morales, Luisa Ortega Díaz, el Comandante de la Guardia Nacional, Diosdado Cabello y tantos otros como autores de flagrantes violaciones a los derechos humanos, al debido proceso, a los elementales derechos de parlamentarios y ciudadanos en general que han sido víctimas de estos funcionarios. Por eso qué importante ha sido en estos días las intervenciones de Diego Arria y María Corina Machado en los Parlamentos del Reino Unido de la Gran Bretaña y de Canadá respectivamente.

Julio Portillo