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Después del 6D


Enero 04, 2016

Los escenarios pre electorales

Frente a las elecciones parlamentarias de 2015 nos planteamos cuatro escenarios básicos:

1. Suspensión de las elecciones.
2. Desconocimiento de la victoria opositora.
3. Reconocimiento del triunfo opositor.
4. Intervención militar abierta.

No teníamos dudas de la victoria electoral de la Venezuela democrática. Hemos sostenido que somos mayoría y así es hace rato. Como finalmente ocurrió, dicha mayoría se tradujo en votos. Nuestras dudas y preocupaciones eran otras.
Advertíamos que el escenario 1 (suspensión) era el menos probable. El 4 (intervención militar) podía darse simultáneamente o seguidamente, a cualquiera de los otros. El escenario 2 (desconocimiento) era el más probable, pero el que más nos preocupaba era el 3 (reconocimiento).

¿Qué ocurrió el 6 de diciembre de 2015?

Con una alta participación (74.45% del patrón electoral) se produjo la votación de 60% de los votos para la oposición y 40% para el oficialismo, aproximadamente. Era un resultado muy probable, de acuerdo a los sondeos de opinión; sin embargo, la distribución fue distinta a lo previsto por la ingeniería electoral oficial. Como es usual en un sistema electoral mayoritario, como ha resultado convertido el venezolano, contraviniendo lo constitucionalmente establecido, la conversión de votos en curules, tiende a sobre representar a la mayoría. Habiendo sido el oficialismo, históricamente, mayoritario electoralmente en la mayoría de las circunscripciones federales, el sistema adoptado debía favorecerlos en estas entidades y desfavorecerlos en las que no eran mayoría, que además eran las más pobladas. Sin embargo, los estados con mayor población serían objeto de diversas manipulaciones en los cálculos para la conformación de circunscripciones uninominales o plurinominales que a la postre debían significar que el oficialismo obtendría diputados con menor número de votos que los necesarios para un diputado opositor.

No obstante, en esta oportunidad, al alcanzar la oposición la mayoría en casi todas las entidades federales y no sólo en las más pobladas, la sobre representación le correspondió a ésta y no al oficialismo, como lo pretendía el régimen, al desnaturalizar el sistema de representación proporcional y diseñar los circuitos electorales.

Una de nuestras preocupaciones derivaba de la posibilidad de éxito de la ingeniería electoral chavista, como ya lo había sido en 2010, de manera tal que la diferencia a favor de la oposición no superará los veinte diputados, lo cual en términos prácticos sería una mayoría de + 10 – 10, abriendo la posibilidad al oficialismo de lograr una mayoría o una conveniente oposición lite, con cambiar la conducta de unos pocos diputados. Con el resultado obtenido, 112 diputados opositores (67.07%), 57 diputados más que los alcanzados por el oficialismo que obtuvo 55 (32.93%) y dada la sensación de que el régimen pudiera estar en fase terminal, las posibilidades de los llamados "saltos de talanquera" quedan, por ahora, absolutamente descartados. Más bien, pudieran producirse cambios en la dirección contraria, es decir, del oficialismo a favor de la oposición.

De tal manera, que la primera cuestión a constatar es que al distribuirse la votación prevista en forma distinta a la esperada por el régimen, ocurrió lo que normalmente sucede con un sistema mayoritario, no obstante las manipulaciones de circuitos realizadas: la mayoría quedó sobre representada. Dicho de otra manera, el régimen está bebiendo de su propia medicina. La holgada victoria opositora, dado el sistema electoral empleado, se convierte para la opinión pública en una monumental paliza, como se refleja en la mayoría calificada alcanzada y no en los votos emitidos. Sin embargo, no debemos olvidar que nunca la mayoría democrática se había expresado en forma tan amplia en las urnas. Sencillamente, se está derrotado el miedo y de continuar haciéndolo dicha mayoría se expresará en forma cada vez más clara.

El rostro de la derrota.

Con este resultado, obviamente, el primer derrotado es el régimen y su rostro son particularmente Maduro y Cabello. También lo son, aunque su imagen se desdibuja, quienes apostaban a convertirse en bisagra entre éste y la mayoría democrática, para terminar favoreciendo a los primeros, de darse como se calculaba una brecha pequeña entre el número de diputados oficialistas y opositores.

El 6D se produce básicamente el escenario 3, aunque el reconocimiento del triunfo opositor se limita al resultado electoral, aunque ahora hablan de "golpe electoral". El régimen continúa actuando como si tuviera la representación mayoritaria del pueblo, cuando sólo representan a una minoría. En la práctica significa que se acepta el resultado adverso pero se desconoce a quienes representan la mayoría democrática. Para nosotros, se trata del desconocimiento del único poder del estado legítimo democráticamente o si lo quieren matizar como el más legítimo, representativo y popular de todos. En definitiva, estamos entrando a una nueva fase de esta dictadura posmoderna.

El rostro de la victoria.

El rostro más visible de la victoria corresponde a quienes controlan la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). Sin embargo, la actitud del régimen cierra, una vez más, las puertas, por lo menos, por ahora, a toda salida negociada de la crisis, debilitando la posición de quienes se inclinaban por cumplir el cronograma electoral constitucionalmente previsto hasta llegar a la elección presidencial de 2019. La naturaleza del régimen político que sufrimos, su proyecto totalitario, la conformación de un Estado delincuente y la intransigencia e intolerancia oficial que de él se derivan, terminará uniendo la Venezuela democrática en torno a las posiciones que reclaman y exigen como única posición viable y éticamente correcta la salida del gobierno y el cambio de régimen político lo más pronto posible.

En nuestra visión preelectoral nuestra preocupación por este escenario (reconocimiento) se fundamentaba a que en el mismo la oposición no tenía una posición unitaria. Alcanzar una unidad que vaya más allá de lo exclusivamente electoral, continúa siendo indispensable para poner fin a la dictadura. Las posibilidades de éxito de la estrategia opositora, cualquiera que ella sea, son altamente improbables si no son consensuadas.

Realidades que no cambian

Tanto para evaluar el voto expresado como para cumplir el mandato electoral, así como los compromisos políticos asumidos, es necesario tener presente que algunas realidades que no se alteran con el resultado del 6D, antes por el contrario, muchas se reafirman y nos señalan pautas fundamentales para hacer efectivo el cambio:

Los venezolanos seguimos siendo los mismos, con nuestras virtudes y defectos, lo que vale decir, entre otras, que la crisis que vive el país, también y sobre todo continuará siendo una profunda crisis moral.

Seguimos viviendo una dictadura posmoderna que ejerce una amplia hegemonía comunicacional, no ha renunciado al proyecto totalitario, mucho menos al poder. Podrán mantenerlo en la medida que dispongan del respaldo de la Fuerza Armada Nacional.
El régimen político continúa configurándose como un Estado delincuente.

Las salidas legítimamente democráticas son variadas como diversas son las constitucionalmente posibles. Las más convenientes serán las que posibilidades de éxito tengan, las que menos costo en vidas y bienes acarreen.

Continúa siendo necesario, hoy más que nunca un deslinde claro con el régimen de quienes representan la Venezuela democrática. No es válida cohabitación alguna con un régimen oprobioso.

Los presos políticos continúan presos. Ser solidarios con ellos, sus familias y partidarios, continúa siendo premisa fundamental de la lucha democrática.

El diálogo, herramienta democrática indispensable, continúa siendo un instrumento por utilizar. La disposición al mismo supone un cambio de actitud oficial que comienza por reconocer la representación mayoritaria de la oposición. Implica que el régimen cambia y comienza a recorrer la vía de la reinstitucionalización de la democracia en Venezuela.

La Venezuela democrática continúa siendo mayoría. Ciertamente, lo es y en nuestra opinión hace rato. El 6 de diciembre se expresó electoralmente, como al derrotar el miedo ha ocurrido en otras oportunidades, esta vez en forma contundente. Es preciso, necesario e indispensable, que nuestros diputados asuman con decisión, valentía y firmeza, la representación plena de la mayoría.

Mientras no haya cambio en las políticas económicas, los problemas económicos que vive el país continuarán y el empobrecimiento crecerá. Dicho cambio implica, dadas las premisas señaladas, un cambio político, un cambio de gobierno y supone un amplio respaldo popular del cual carece la dictadura.

El progresivo aislamiento internacional del régimen continuará y disminuirá por la merma de los ingresos petroleros y el aumento de las denuncias de violación de derechos fundamentales, la corrupción y el narcotráfico.

El voto castigo

En cuanto al análisis del voto del 6D parece evidente aceptar la idea del voto castigo. Las encuestas ya revelaban el descontento, la impopularidad del presidente, los graves problemas económicos, el empobrecimiento general, y la falta de credibilidad en la respuesta oficial.

Aceptado el voto castigo, como premisa, nos preguntamos: ¿voto castigo al gobierno o al régimen? ¿votamos para cambiar el gobierno o sus políticas? Ciertamente, los problemas más sentidos y cuya solución más se demanda son de naturaleza económica financiera, pero ¿votamos por una solución económico financiera o por una solución política a la crisis?

En nuestra opinión, y no tenemos dudas, el voto castigo es contra el régimen. La respuesta que se expresa para la solución de los problemas socioeconómicos es una respuesta política como decisión política fue ir a votar; no obstante, la desconfianza absoluta en el árbitro y el sistema electoral. Se trata de un voto que, mayoritariamente, no cree en el gobierno ni en la posibilidad de que éste cambie o dialogue. De tal manera, que sólo queda cambiarlo. Sin embargo, para alcanzar el objetivo estratégico se podrá comenzar asumiendo plenamente, sin miedo, sin dudas, con la firmeza, decisión y valentía, cónsona con el inmenso respaldo popular recibido, las atribuciones constitucionales que corresponden al poder legislativo nacional. Con una actitud como la descrita, que también debe expresarse permanentemente en las calles, será posible mantener e incluso aumentar el apoyo popular hasta que sea suficiente para convencer a la fuerza armada nacional de la conveniencia de respaldar el cambio democrático en marcha.

Por otra parte, ciertamente, nuestro pueblo entendió que la solución de los gravísimos problemas económicos del país es política. Así avancemos en el camino de solucionar los problemas estos continuarán agravándose. En la Venezuela actual, sólo saldremos de la crisis mediante el diálogo, la inclusión y un cambio de la política oficial, lo cual sólo parece posible mediante un cambio en la conducción del Estado. Conviene recordar que corresponde al poder ejecutivo nacional la responsabilidad de resolver estos problemas y al legislativo dar los apoyos necesarios. De manera que cualquier acción de la Asamblea Nacional, aparte de fácilmente convertirse en demagógica, puede contribuir a crear la sensación de que la responsabilidad de la solución de los problemas económicos corresponde al poder legislativo o peor aún, que los diputados opositores no asumen el mandato electoral recibido de cambiar al régimen.

También creemos importante destacar que el voto castigo es en alto porcentaje el voto de la antipolítica, de quienes solo les importa el aquí y el ahora, pero también de una Venezuela contestataria, de esa Venezuela que rechaza el régimen político fundado en la mentira, pero también a los partidos políticos. Por supuesto, que al partido oficial, pero también a los que participan de la MUD. El apoyo masivo a los candidatos presentados por la Mesa es un reconocimiento al esfuerzo unitario para poner fin a un régimen político. Más allá de las simpatías por partidos o personas que en algún porcentaje existen, es un respaldo para realizar una tarea, una oportunidad para recuperar la confianza perdida en las organizaciones políticas, pilar fundamental para la reconstrucción democrática.

Al final de cuentas el triunfo del 6D es un triunfo de todos, de la Venezuela democrática, de la paz, de los venezolanos que hemos derrotado el miedo, de la unidad, de la MUD, de los esfuerzos y errores de muchos años, de quienes en estos años han ejercido con valentía el liderazgo político, social, religioso, de quienes, desde las más distintas posiciones, no han claudicado frente a la dictadura, de los presos políticos, de los jóvenes.

Corresponde ahora, a quienes ejercen el liderazgo colectivo y particularmente a los diputados electos, iniciar a partir del próximo 5 de enero, la reconstrucción institucional y democrática de la Patria, asumir plenamente en forma unitaria, decidida y valiente, la inmensa responsabilidad de hacer efectivo el cambio reclamado haciendo honor al compromiso electoral y político que se fraguó el 06D.

Rafael Díaz Blanco