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De la euforia a la pobreza tecnológica; por Marcelino Bisbal


Agosto 19, 2016

I
Apertura

El 29 de julio, pero de 1979, fallecía el filósofo y casi sociólogo Herbert Marcuse a la edad de 81 años. ¿Por qué recordar a este integrante de la llamada Escuela de Fráncfort o Escuela de la Teoría Crítica? Porque fue Marcuse el primero que empezó a llamar la atención sobre los cambios que se estaban comenzando a dar en las sociedades altamente industrializadas. Estados Unidos es el ejemplo que tenía a la mano para escudriñar cómo estaba mudando una sociedad moderna producto de la acelerada automatización de la fuerza del trabajo y de la aparición de tecnologías que hacían posible esa automatización. El filósofo alemán describía lúcidamente la instauración de un sistema específico de producción y distribución. Así, en 1954 publica El hombre unidimensional (la primera edición en lengua castellana se conocerá en 1965) en donde analiza lo que llamó la sociedad unidimensional que no es más que la conceptualización crítica de la ideología de la sociedad industrial avanzada como resultado de la aplicación social de la racionalidad tecnológica.

Dentro del mismo ámbito de estudio, en 1969, el sociólogo francés Alain Touraine empieza a denominar a ese tipo de sociedad que estaba emergiendo como sociedad postindustrial y que además será el título de un pequeño libro que pronto se convertirá en best-seller. Otros autores, a partir de ahí, comienzan a darle nombres distintos a la nueva sociedad que estaba en desarrollo: Daniel Bell (hablará de sociedad programada), M. McLuhan (ciudad de la Tierra, aldea global), Manuel Castells (sociedad de la información, sociedad red), Alvin Tooffler (sociedad de la tercera ola), Javier Echeverría (telépolis), Nicholas Negroponte (el mundo digital), Jean-François Lyotard (sociedad postmoderna), James Martin (sociedad interconectada), Román Gubern (estado telemático), Simon Nora y Alain Minc (sociedad informatizada), la Unesco (sociedad del conocimiento)… y muchas otras designaciones que responden todas ellas, desde el espacio de las comunicaciones, a la misma idea: al proceso de convergencia entre el mundo audiovisual con las nuevas tecnologías emergentes de la informática y las telecomunicaciones.

Cuando se produce esa convergencia empiezan a aparecer nuevos medios y nuevos fenómenos comunicacionales: televisión digital, realidad virtual, bases de datos informatizadas, teléfonos móviles, satélites de telecomunicaciones, redes telemáticas, tecnologías multimedia, etc. En tal sentido, aquello que dijera el informe Satelite Comunications offer New Potenciality –publicado en 1978– hoy es más que una realidad.

Decía:
Antes que acabe la década, será técnicamente posible para un explorador de la jungla amazónica o un businessman en cacería por las Montañas Rocosas, equipado con una pieza del tamaño de un estuche, el comunicarse con toda persona que tenga acceso a un teléfono en cualquier parte de la tierra.
Así, los llamados medios de comunicación convencionales o mass-media (prensa, radio, televisión e incluso el cine) no pueden ser concebidos hoy, ni pensados como medios separados de todas esas tecnologías de la información y las telecomunicaciones y de la Int ernet.

Toda esta proliferación de nuevas tecnologías que trae consigo el surgimiento de nuevos medios, recompone el mundo y la sociedad, recompone el sentido y los sentidos, la lógica de la información y sus significados, el saber y los saberes, hasta las formas de percepción y de acción, recompone lo público y lo privado, reconfigura el poder y los poderes… transforma aceleradamente la vida cotidiana. Hoy las comunicaciones ocupan un lugar central y estratégico de la sociedad.

II
Global/local: caso Venezuela

Es en el ámbito de las comunicaciones en donde se están estructurando muy velozmente estas dos nociones. Una cosa es el entorno mundial y otra muy distinta lo que ocurre en cada localidad. La mundialización que han sufrido las comunicaciones en este tiempo afecta, para bien o para mal, al desarrollo de las comunicaciones locales. Es que estamos en presencia de un mundo interconectado producto de la articulación entre diversos aparatos tecnológicos que transforma a la comunicación en un fenómeno multimedia. Antonio Pasquali nos habla de la comunicación mundo, en el sentido de que estamos presenciando en vivo y en directo "un mundo transfigurado por la comunicaciones".

Vengamos a nuestra localidad: el caso venezolano. Finalizando la década de los noventa, coincidiendo con la elección de Hugo Chávez Frías, el país empezaba a vivir una euforia tecnológica. Se apoderaba de los venezolanos, de todos los sectores sociales, el deseo de contar con un artilugio tecnológico que hizo que las tecnologías de información y comunicación se convirtieran en un bien de uso cotidiano. Copiábamos el patrón de otras sociedades, particularmente las desarrolladas o de primer mundo. Ese fenómeno lo pudiéramos referir como un hasta ahora y a partir de ahora, es decir que estábamos empezando a presenciar –según el español Manuel Martín Serrano– el tránsito entre dos eras comunicativas. Por un lado, el sector audiovisual de masas con la pantalla televisiva como prototipo y como representante del hasta ahora y la integración de los sistemas informativos y comunicativos con la informática. Ahí arrancaba el a partir de ahora.

Esa euforia tecnológica, como intento de montar al país en la ola de la modernidad que representaban las tecnologías de la información, las telecomunicaciones y la red Internet, se hace declaración de promesa en el Plan Nacional de Tecnologías de Información (2001). En el documento del Ministerio de Ciencia y Tecnología se preveía que para el 2006 seríamos la sociedad del conocimiento líder de la región y se apuntaba que el 80% de los trámites administrativos públicos estarían mediados y determinados por la red. Entre los principios declarados leemos:

— Uno de los requisitos principales para aprovechar los beneficios que provienen de las TIC, es contar con una PNTI (Plataforma Nacional de Tecnologías de Información) que coadyuve el acceso universal a las redes digitales de información y a los servicios que otorgan, como lo es hoy el acceso a la televisión y la radio, enriqueciendo simultáneamente la oferta nacional de contenidos de información y aplicaciones sobre Internet. Para ello se desarrollará y consolidará una Plataforma Nacional de Tecnologías de Información que permita fortalecer las capacidades humanas y mejorar la calidad de vida.

— Insertar a la Nación dentro del concepto de sociedad del conocimiento (…) teniendo en cuenta que, para el desarrollo de estos procesos, la red mundial denominada Internet, representa en la actualidad y en los años por venir, un medio para la interrelación con el resto de los países y una herramienta invalorable para el acceso y difusión de ideas.

Tal fue la euforia tecnológica que el crecimiento-masificación de la red se concretó primero, en el surgimiento de los infocentros (centros comunitarios para el acceso a Internet) y luego, casi inmediatamente, en el acceso-penetración de Internet que para el lanzamiento del Plan Nacional de Tecnologías de Información era de un 3% de usuarios y para el 2007 estábamos en la cifra de 21%. Ese salto se logra con la colaboración muy estrecha del Estado, empresas privadas de telecomunicaciones y universidades. Como se dijo en aquel entonces: ese trabajar juntos y las inversiones lograron cambiar al país, interconectarlo y transformar, por tanto, la historia.

La visión de modernidad tecnológica del momento y el proyecto de lanzar al país a la sociedad del conocimiento no duró mucho tiempo. Varias fueron las razones:

— Desde el 2008 la infraestructura tecnológica no ha tenido procesos de renovación frente a una tecnología que cambia rápidamente.

— Falta de inversiones en infraestructura, por lo tanto no ha habido inserción de nuevas innovaciones tecnológicas.

— No se siguió con la instalación de fibra óptica. Seguimos conectándonos con cables de cobre.

— Falta de recursos humanos capacitados y bien preparados para asumir los crecientes desarrollos de innovación tecnológica.

— Escaso o nulo mantenimiento especializado.

— Rígido control cambiario y dificultades para el acceso a las divisas.

— La partidización, el clientelismo político y la ideologización que ha sufrido la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel). De organismo técnico ha devenido en un centro del control y espionaje.

— Donde no se han escatimado recursos es para innovación tecnológica de vigilancia y control de la red. De acuerdo con un reporte de CitizenLab del año 2013, Venezuela posee licencias de productos BlueCoat (específicamente, de PacketShaper), software empleado para la implementación de inspección profunda de paquetes (DPI). De acuerdo con BlueCoat, "Packet Shaper analiza e identifica positivamente el flujo generado por cientos de aplicaciones de negocios y recreación. Y gracias a su integración con Web Pulse-Blue Coat's servicio de inteligencia web a tiempo real- Packet Shaper puede controlar inclusive el flujo de las aplicaciones por el contenido de la categoría. Packet Shaper facilita la posibilidad de controlar colectivamente aplicaciones relacionadas y su contenido, mientras brinda herramientas precisas que permiten ser muy especifico cuando es necesario."

Entramos así en la dimensión de pobreza. Si la pobreza material en el país ha venido aumentando, según nos ilustran las cifras de la Encuesta de Condición de Vida (Encovi, 2015), la pobreza tecnológica ha venido también creciendo. El país tiene hoy, como dice Antonio Pasquali, un rezago tecnológico de grandes dimensiones que hace que Venezuela vaya a pasos de cangrejo en cuanto a los retos de la sociedad del conocimiento.

Aquella promesa de convertir al país para el año 2006 en líder de la región en la sociedad del conocimiento quedó en letra muerta y tan solo en buenos deseos. Se habla de que Venezuela se desconecta aceleradamente. El panorama actual:

— La cifra de usuarios de Internet ha venido creciendo. Hoy contamos con 16.412.616 usuarios (penetración nacional de 61,5 %). Pero el servicio es el más lento de América Latina. Según la fuente SpeedTest.net el promedio de velocidad en el mundo es de 18.22 Mbps (Megabits por segundo), mientras que en nuestro país es de 2.9 Mbps. En algunas regiones de Venezuela la conexión es menor a 1 Mbps, siendo Pampatar la ciudad con una velocidad de conexión de apenas 0.8 Mbps que la hace la ciudad con el promedio más lento de velocidad en Latinoamérica.

— El país hoy cuenta con casi 4 millones de abonados de televisión por suscripción. Este servicio fue creciendo desde el cierre de RCTV (2007) y desde que la televisión pública se fue gubernamentalizando e ideologizando. Sin embargo, el servicio de este tipo de televisión está también en situación deplorable. No sólo por falta de equipos, sino por escasez de divisas para su modernización y mejor inserción en el mercado. Esto está obligando a la reducción de canales internacionales. Hasta la empresa estatal CANTV Satelital ha tenido que eliminar de su parrilla 13 canales.

— En América Latina se empieza a instalar para la telefonía móvil la red 5G. Pero en el país apenas el 1% (300.000 suscriptores) de los usuarios, de este tipo de telefonía, está usando la red 4G y mayoritariamente nos estamos sirviendo con las redes 2G y 3G.

— En el consumo de datos móviles, aún a pesar que hemos crecido en telefonía móvil: hoy llegamos a 30 millones de líneas de celular, la cifra de consumo de datos apenas alcanza a 2.9 GB (Giga Bytes), mientras que en Estados Unidos ese consumo es de 43 GB.

— La telefonía fija está en el orden de 8 millones de abonados. Pero su situación técnica es cada vez peor, pues este servicio sigue operando con un sistema de redes desfasado tecnológicamente. Todavía funcionamos mayoritariamente con tendidos de cobre. Las conexiones con fibra óptica hace un buen rato se dejaron a un lado y solo contamos con un poco más de 12.000 kilómetros.

— Las operadoras de telefonía celular (Movistar y Digitel) han ido suspendiendo las llamadas internacionales y el servicio de roaming (este servicio hace posible que los usuarios de telefonía móvil adquieran una completa libertad de movimiento entre las áreas de cobertura de las diferentes empresas de telecomunicaciones) desde el año 2015.

— Aunque contamos con dos satélites en órbita: el Satélite Simón Bolívar (Venesat-1) y el Satélite Francisco de Miranda, aun no conocemos los servicios que están ofreciendo. Sí sabemos que el Satélite Simón Bolívar ha servido y sirve para lograr conectividad en los actos de Gobierno, pero… ¿Y el Satélite Francisco de Miranda? El profesor Pasquali lanza una hipótesis atrevida: "sabiendo que esos dos satélites son duales, es decir que tienen un fragmento militar y otro civil, no es posible pensar que están cumpliendo una función militar que viaja de la manera más segura posible por un cable submarino". Se trata del cable submarino que Venezuela le regaló al gobierno de la Habana.

III
No solo espectadores. ¡Ciudadanos!

Hemos pasado de la euforia a la pobreza en todos los órdenes de la vida del país. Recordemos que somos un país petrolero y la renta del petróleo, en estos años, logró esa euforia. Pero hoy estamos en situación de pobreza. Este sector de las tecnologías de la información y las telecomunicaciones no podía quedar al margen del destrozo, el despilfarro y la corrupción. No es casual entonces que hoy ocupemos los últimos lugares del Índice Mundial de las TIC según la Unión Internacional de Telecomunicaciones y el Reporte Global sobre Tecnologías de Información.

El des-orden sigue avanzando y supera cualquier capacidad imaginativa. Lejos de la nostalgia por un pasado clausurado, solo nos queda apelar al futuro inmediato, cada vez más próximo, de que todo será mejor. Depende de nosotros los ciudadanos. De más nadie.

MARCELINO BISBAL