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Culpar al mercado no subirá los bonos


Diciembre 23, 2014

El gobierno tiene que entender su relación con los mercados financieros internacionales.

En el caso de Venezuela -al igual que en el resto de países exportadores de petróleo- existe una relación directamente proporcional entre el valor de su deuda soberana y el precio al que se cotiza el crudo en los mercados internacionales. Dicha relación se hace más evidente en la medida en que crece la dependencia por la renta petrolera y no se haga nada por desarrollar fuentes alternativas de ingresos para el país. Por lo tanto, si más del 95% de las exportaciones venezolanas corresponden al sector petrolero, no podíamos esperar otra cosa que una caída de los bonos de la República ante la caída significativa del barril en los últimos meses.

Pero si a esa caída en los precios petroleros se le suma la inoperancia del gobierno para solventar los desequilibrios económicos que ya se habían generado incluso antes de la caída de los precios y que son hijos legítimos del modelo primitivo de control del Estado sobre la economía, la desconfianza de los mercados financieros en nuestra capacidad de pago aumenta, motivo por el que la deuda venezolana ha sido, y está siendo, dramáticamente castigada. Diría que incluso por encima de su riesgo real y sin considerar la historia crediticia impecable del país. Esto se refleja en la calificación de los bonos venezolanos, que fueron rebajados recientemente de categoría por Standard & Poor's y por Fitch Ratings; así como en su rendimiento promedio, que supera por mucho al de países en conflicto como Ucrania y Nigeria. Los bonos de Venezuela hoy, de acuerdo a sus precios, se podrían llamar bonos basura.

Si bien al gobierno puede disgustarle las percepciones que tiene el mercado sobre la deuda venezolana, lo que no tiene sentido es culparla por el deterioro de los precios de los bonos. La deuda de un país se ofrece a los inversionistas que quieran comprarla y ellos deciden si toman el riesgo, por lo que es absurdo culparlos de que tu deuda no valga nada.

Tratar al mercado y a los inversionistas como el enemigo, lejos de mejorar la situación la empeora. ¿O es que cuando a uno le toca solicitar un crédito en un banco o pedirle prestado a un amigo va de buenas a primeras haciendo reclamos y exigencias? ¡No!, cuando uno se ve en la necesidad de pedir, tiene la responsabilidad de generar confianza, informar con inteligencia tu capacidad de pago y cómo solventarás la deuda, para luego actuar en consecuencia. Es decir, la responsabilidad es del emisor y no del comprador de los bonos.

Viéndolo desde la óptica de la teoría de juegos, el gobierno tiene que entender su relación con los mercados financieros internacionales como un juego dinámico y no como un one shot. Es determinante tener claro que todas las acciones u omisiones del pasado repercuten en el presente, y que las actuales impactarán a futuro. Entonces, si pasas años sin discutir tus planes con el mercado internacional, despreciando el derecho que tienen los tenedores de deuda de saber cómo va su inversión, y cuando finalmente vas, les mientes, ¿qué crees que pasará?

El mercado internacional no se está preguntando si el gobierno venezolano quiere pagar su deuda, pues eso lo da por descontado; lo que duda es que tenga capacidad para solventarla y no entrar en default (riesgo que creo que el mercado exagera). Por lo tanto, la respuesta racional del Ejecutivo debe ser ratificar su disposición a pagar y explicar seriamente su capacidad y estrategia para hacerlo.

No se convence a los inversionistas metiendo la espada del Libertador en las reservas internacionales, sino ajustando y enseriando la economía. Los bonos venezolanos se desploman por la misma razón por la que el dólar paralelo sube por los cielos: Desconfianza.

Luis Vicente León