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Construir al enemigo


Mayo 04, 2016

Los gobiernos que por incapacidad manifiesta o por orientación ideológica se les imposibilita crear bienestar y calidad de vida para sus pueblos, han encontrado un filón hasta hace poco inexplorado: la creación de enemigos ficticios. Estos pueden ser internos o externos. A este tipo de gobierno no le importa que la mayoría del país no compre sus mentiras, porque están concentrados exclusivamente en la tarea de vender su mensaje de odio y división, que, de acuerdo a su lógica, les garantizará el apoyo incondicional de sus adeptos.

Para muestra, recordemos lo que ha sucedido con el caso mas emblemático del Caribe, el gobierno cubano. Durante más de 50 años ha mentido al pueblo acerca de una inminente invasión del Norte y la conspiración mayamera contra el desarrollo interno. En razón de ello, el pueblo debe sufrir escasez, mientras los privilegiados del poder se llenan los bolsillo y disfrutan de groseros lujos y manjares.

En Venezuela esta franquicia fue copiada con relativo éxito por el gobierno revolucionario. Con los calificativos pitiyanky, apátrida, escuálido, oligarca y vende patria, quienes detentan el poder, identifican y marcan a sus enemigos. Nunca antes en nuestra país se había sentido tanto odio como el que la llamada revolución ha entronizado desde hace algunos años, Es innegable que antes también había focos esporádicos de segregación, el barrio contra la urbanización; los trabajadores contra los patronos; las personas de color contra los blancos o viceversa, entre otros, pero nunca estuvo presente en nuestro gentilicio, en la escala que este gobierno y el anterior han propiciado.

Para desnudar lo subyacente en el mensaje chavista, me apoyaré en algunos aspectos abordados en la conferencia titulada "Construir al enemigo" dictada por el fallecido escritor, Umberto Eco. Allí cuenta una anécdota que le ocurrió con un taxista Paquistaní, en Nueva York. El conductor le preguntó sobre los enemigos históricos y actuales de su país. Eco le respondió que Italia no tenia enemigos y el taxista, incrédulamente, le replicó: ¡eso es imposible! no puede haber un país sin enemigos. Pasado un tiempo, Eco reflexiona sobre la conversación y saca la siguiente conclusión: tener un enemigo es importante no solo para definir la propia identidad sino también para procurarnos un obstáculo contra el cual medir nuestro sistema de valores y además mostrar nuestro valor al enfrentarlo. No interesa tanto identificar al enemigo que nos amenaza, como si el proceso de producción y satanización de ese enemigo. ¿Le parece a Usted una realidad conocida o una coincidencia?

NOEL ÁLVAREZ