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Consolidar un proyecto integrador


Mayo 16, 2014

En un artículo anterior defendía la idea de que, si los resultados del diálogo entre el Gobierno y la oposición no se obtuvieran tempranamente o se consiguieran resultados irrelevantes, nuestra democracia sufriría un golpe mortal, no tanto por el fracaso mismo de ese intento de entenderse, sino porque podría quedar la sensación de que la revolución bolivariana habría ganado una batalla que le permitiría quedarse en el poder por muy largo tiempo, con los peligros que ello encierra para la sociedad democrática y para Venezuela vista globalmente.

En el mismo artículo defendía la idea de que, ante ese escenario, sería imprescindible que surgiera, como en ese momento lo llamé, un momento de liderazgo y alguien de la oposición asumiera la tarea de transmitirle al país que, más allá de esas conversaciones, tenemos una alternativa superior al socialismo del siglo XXI que ofrecerle a Venezuela. Decía, en aquel momento, que la tesis principal de ese momento habría de ser la concepción de un proyecto unificador para nuestro país y que prefiero llamar un proyecto integrador, para ir más allá de las tesis que colocan el tema de la unificación en una perspectiva reconciliatoria entre partes enfrentadas.

En mi opinión se trata de algo mucho más profundo que encaja en las raíces históricas que nos han llevado hasta aquí y que, como intentaré comprobar, colocan las causas de nuestros problemas en una visión más estructurada.

Un hilo conductor

Hemos examinado nuestra historia y encontramos un hilo conductor que explica razonablemente cómo llegamos aquí y qué deberíamos hacer para superar, no solo esta crisis, sino prevenir unas venideras. Venezuela ha sido sometida, prácticamente desde la Independencia hasta nuestros días, a un proceso desintegrador que tiene dos grandes vertientes, una política y otra económica con repercusiones institucionales y sociales sumamente graves.

En el terreno político

Desde el lado político: hagamos un inventario de lo que fue la integración de la República con Páez, descontemos el efecto de la Guerra Federal y volvamos a encontrarnos con el intento de Gómez de integrar de nuevo, pero con un fuerte contenido personalista. De allí a lo que sucede después con los gobiernos siguientes, la Revolución de Octubre del 45, hemos vivido una continua de venganzas, sectarismo y revanchismo político que, piénsenlo ustedes, nos llevó a la situación actual. La discriminación política que sufre AD con Pérez Jiménez, la de los comunistas con el Pacto de Punto Fijo, nos han conducido a un hilo conductor de desintegración política que culmina con la destrucción de los partidos y el triunfo de Chávez. Venezuela debe superar esa etapa desintegradora o se pierde políticamente.

En el terreno económico

La desintegración que ha vivido Venezuela se manifiesta en nuestra incapacidad para remontar la construcción del casi único proyecto integrado que tuvimos, por allá por los comienzos de los sesenta cuando, aún con todos los defectos de la "sustitución de importaciones", Venezuela se industrializa por primera vez y logra crear un efecto integrador, precisamente a través del empleo productivo, en la industria y la agricultura, con un impacto decisivo en la generación de un gran volumen de población que podemos llamar de clase media, pero una tal que fue acompañada de educación, servicios y un mejoramiento del nivel de vida.

Ese logro integrador no volvimos a repetirlo porque contra él conspiraron dos efectos terriblemente desintegradores: Por un lado, la incapacidad para pasar de la sustitución de importaciones a un modelo de apertura y competencia, capaz de enfrentar los retos de una economía abierta y, desgraciadamente, todos los gobiernos de turno, incluyendo el presente, regresaron sobre él reiteradamente.

El segundo efecto, también terriblemente desintegrador fue esa política destructiva de la integración social, aquella de devaluación tras devaluación, con su componente persistentemente inflacionario que produjo los niveles de pobreza más altos de nuestra historia. No queda ninguna duda de los efectos desintegradores en el terreno institucional que ello causó.

Hay un tercer componente de esta tesis en el terreno petrolero que dejo para un próximo artículo.

Maxim Ross