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¿Cómo evitó Noruega la Maldición del Petróleo? Por: Víctor Álvarez


Agosto 21, 2016

En la IV República el grueso de la renta se destinó a financiar el capitalismo rentístico, mientras que en la V República se utilizó para financiar el neo-rentismo socialista. Dicho en otras palabras, en la IV, la renta petrolera financió las inversiones de capital para producir bienes privados, mientras que en la V el énfasis se puso en la inversión social para generar servicios públicos. Por eso, tanto el capitalismo rentístico como el neo-rentismo socialista son expresiones distintas del mismo modelo de acumulación extractivista, sustentado en una creciente extracción del petróleo que está depositado en el subsuelo.

El capitalismo rentístico colapsó cuando la sobrevaluación de la tasa de cambio agotó la capacidad de absorción de la renta en actividades productivas. Un petrodólar abundante y barato estimuló toda clase de importaciones que desplazaron a la agricultura e industria. La sobrevaluación dejó al descubierto la estrechez del mercado interno y, a su vez, truncó las metas de crecimiento hacia afuera al castigar la competitividad cambiaria de las exportaciones. El margen para sembrar el petróleo se agotó porque los nuevos incrementos en la producción no encontraron su correspondiente espacio en el mercado interno, ni mucho menos en los reñidos mercados internacionales. Así, la industrialización no se consolidó y el país se transformó en un importador de lo que antes producía.

En lugar de esterilizar el impacto negativo de la renta petrolera, su inyección a la circulación doméstica desató una creciente demanda que no tuvo su debido respaldo en el incremento de la producción interna. Como la sobrevaluación limitó la absorción productiva de la renta, la rigidez de la oferta -aunada al incremento sostenido de la demanda-, entronizó una persistente inflación que erosiona la capacidad adquisitiva de los salarios y empobrece a la población.

¿Cómo impedir que otro aumento súbito de la renta petrolera se inyecte a la economía y se repitan las patologías de la Maldición de la Abundancia?
La Maldición de la Abundancia es una determinación histórica, un fenómeno objetivo, más no es una fatalidad inexorable frente a la cual nada se puede hacer. Las patologías del extractivismo-rentista se pueden poner bajo control con adecuadas políticas y estrategias que permitan aislar el efecto negativo del comportamiento errático de la renta petrolera sobre la dinámica interna del país.

Hace 50 años Noruega era una de las economías más pobres de Europa y pasó a ser una de las más desarrolladas e igualitarias del mundo gracias a la relevancia que un gran acuerdo nacional le atribuyó al ahorro del ingreso petrolero. A comienzos de los años 70, la Nación se puso de acuerdo en torno al tipo de sociedad que aspiraba construir. Con este fin, decidió crear el Banco Noruego de Manejo de Inversiones para ahorrar e invertir los ingresos que el Estado recauda a través de impuestos al sector petrolero, regalías por yacimientos y los dividendos que obtiene por su participación mayoritaria en Statoil, la compañía petrolera noruega que es la mayor operadora de offshore en el mundo.

La reglas que rigen la administración son claras y estables: toda la renta petrolera se concentra en el fondo y el 96% de las ganancias e intereses se reinvierte fuera del país. Esta sabia decisión le permite hoy a Noruega contar con un colosal fondo cuyos activos se aproximan a los $ 900.000 millones que se distribuyen en 60% en acciones de empresas, 35 a 40% en bonos y hasta un 5% en inmuebles. La Nación convino una regla fiscal que establece que sólo el 4% de los excedentes se pueden destinar al Presupuesto Nacional, el cual se financia fundamentalmente con los impuestos que pagan las personas naturales y jurídicas. Así, aunque los precios del petróleo suban a niveles sin precedentes, esta regla impide un crecimiento desmesurado del gasto público con fines clientelares y electorales de los gobernantes.

Noruega cuenta con la mayor reserva destinada a pensiones (más 160.000 dólares por habitante). El Fondo Global de Pensiones fue creado en 1990 por el Parlamento para protegerse del comportamiento errático de los precios del petróleo y asegurar el pago de las jubilaciones futuras. Así, los ciudadanos quedan protegidos ante cualquier colapso de los precios del petróleo y tienen sus sistema de seguridad social garantizado para cuando se agoten las reservas de petróleo. El país nórdico muestra los niveles más altos del mundo en calidad de vida e igualdad de oportunidades para su población. La educación es pública, gratuita y bilingüe. Gracias a la amplia cobertura del sistema de salud, la esperanza de vida al nacer supera los 81 años. La brecha salarial por género es casi inexistente, el desempleo y la pobreza han desaparecido y el ingreso por habitante se aproxima a 50 mil dólares, entre los más altos del mundo.

El mensaje está claro: hay que crear fondos de ahorro e inversión que aíslen el impacto negativo de la renta sobre la economía y sociedad venezolanas. Esto se logra a través de un gran acuerdo nacional plasmado en un marco legal y entorno institucional que impida las tentaciones de la demagogia populista para dilapidar los ahorros de la Nación en cada campaña electoral. Una cosa es hacer uso de esos ahorros en circunstancias de crisis económicas y otra muy distinta despilfarrar los mismos para superar las crisis políticas derivadas de una mala gestión de gobierno que debe ser evaluada por la ciudadanía en cada elección.

La transición sin traumas a una sociedad post-extractivista implica sustituir la cultura rentista por una cultura tributaria. Significa dejar de reclamar "mi gotica de petróleo", "mi cupo de Cadivi", "las divisas para importar" y comenzar a contribuir con los ingresos fiscales que financian el Presupuesto Público y a generar las divisas que cubren los requerimientos de materias primas y maquinarias importadas. En lo económico implica desburocratizar la fuerza de trabajo y, más bien, promover el espíritu emprendedor y la cultura del trabajo para crear una sociedad de emprendedores emancipados y no de empleados públicos sometidos por los mecanismos de dominación que se impone en las economías rentistas con gobiernos clientelares y populistas. Al quitar a las élites políticas de cualquier signo el manejo arbitrario y discrecional de la renta petrolera se podrá construir un verdadero sistema democrático, con autonomía de los poderes públicos, que ponga freno a las pretensiones hegemónicas de los liderazgos mesiánicos y autoritarios que tienden a concentrar todo el poder.

VÍCTOR ÁLVAREZ