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Cipayos


Julio 30, 2014

Los chinos están en su derecho de dar empréstitos, vender sus productos, de tener una política exterior expansionista a futuro. Con un régimen de partido único, comunista, que no admite protestas, sindicatos, ni libertad de expresión y a fuerza de mano de obra barata, el gobierno chino ha situado a ese país como la segunda potencia económica del mundo.

En efecto, se cree que para el 2016 será la primera potencia económica, que supere a los Estados Unidos. Venezuela se ha convertido en el país más endeudado con el gigante asiático. Son ya 15 áreas estratégicas las que el gobierno venezolano le ha entregado a China. Algunos llegan a afirmar que si sigue la bancarrota venezolana en todos los renglones de su economía, tendremos que pagarle a China la deuda, entregando tierras como ocurría en tiempos del mercantilismo económico.

Lo que es inadmisible, es el papel de cipayos, de los actuales gobernantes de Venezuela, es decir, de entregarle los recursos nacionales a los chinos, sin consultarlo mediante un referéndum al pueblo venezolano. Como afirmara Marielys Zambrano Lozada en un interesante trabajo de investigación "a los chinos le debemos el alma. Si sumamos el nuevo crédito de 5,7 millardos de dólares, tenemos comprometidas las reservas internacionales en unos 20 mil millones de dólares".

Este delito de administrar mal los recursos e intereses de la patria con recursos de magia negra, de explicarnos lo inexplicable al decir Maduro que no es préstamo sino pago con petróleo a futuro, o lo que es peor de parte del Canciller Jaua de afirmar que "negociamos en términos de igualdad", no tiene otro nombre sino el de vende patrias.

El mal negocio en el que nos ha metido el neo chavismo de Maduro, de Cabello y Ramírez, no es otra cosa que el resultado de una política económica codiciosa, que devoradoramente pretende un desarrollo a costa del cuantioso endeudamiento externo. Son millones de dólares los que ya debemos además a las líneas aéreas, a Panamá, Colombia, Brasil, a empresas de alimentos, de salud y químicos extranjeros.

Y lo peor es que esta deslealtad a la patria, es justificada con una prosodia desproporcionada, con vocablos mal construidos, con frases altisonantes, que hoy en día hasta los más desletrados saben que se trata de un perjurio. Se nos dice eufemísticamente que esto no es endeudamiento sino cooperación y consolidación de relaciones. Como afirmara una vez el Presidente Luís Herrera Campins cuando está gente sea arrojada del poder nos dejarán un país hipotecado.

Tanto en Derecho Constitucional como en Ciencia Política, sigue planteado el tema de hasta qué punto un pueblo puede ser sometido a una camisa de fuerza, de esperar el término del período presidencial o parlamentario para sacar del gobierno a quienes son infieles y desleales a una nación cada vez más arruinada. Pero tarde o temprano se cumplirá aquello de que "es pa'afuera que van". Y como dice Santa Teresa "la paciencia todo lo alcanza".

Julio Portillo