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Carta, panfleto y Estado forajido


Abril 20, 2015

La Carta del New York Time -más bien un Panfleto- enviada por Nicolás Maduro es la mejor y mayor prueba que muestra el régimen Post-Chavista para verificar que Venezuela carece de una clase política, que no existe liderazgo ni ética en el gobierno y mucho menos discurso político en la fracasada revolución. Lo que sí existe, en este régimen autoritario-militarista debido a su ignorancia, es que desestima la complejidad de la decisión de los Estados Unidos al considerar a Venezuela una amenaza inusual y extraordinaria con todos los riesgos que ello implica en el Derecho Internacional, como consecuencia de las modificaciones que sufre el sistema internacional después de la Segunda Guerra Mundial.

La Carta del New York Time es una jugada simplista en la que Nicolás Maduro demuestra su miedo por la pública y exponencial corrupción del régimen y la falta, y carencia de una estructura gubernamental para producir una respuesta estratégica que se correspondiese con la calificación hecha por los Estados Unidos. Calificación que está fundamentada en los certeros análisis estratégicos realizados por esa Nación en los cuales describe las amenazas, riesgos y oportunidades de los procesos que acuna Venezuela durante los últimos 16 años.

El Panfleto aparecido en el New York Time señala en su contenido una absurda defensa a 'venezolanos honorables' contra quienes, según Nicolás Maduro, opera la Casa Blanca y todo ello resulta falaz e inconsistente, por cuanto los defendidos han sido sometidos a un escudriñamiento personal y financiero en el campo internacional y hay evidencia que sus actividades financieras impactan de tal manera al dólar por fortunas de venezolanos y/o asociados, cuyo origen se desconoce -y pareciese estar ligado, la mayoría de los casos-, a corrupción, comisiones y/o recursos provenientes de la economía paralela.

La calificación que hace la Casa Blanca sobre Venezuela forma parte de la novedosa conceptualización de la soberanía después de la Segunda Guerra Mundial en la cual los Derechos Humanos, las amenazas y las nuevas guerras obligan a una relación estratégica de conectividad entre los Estados. Relaciones donde se impone una estrecha cooperación habida cuenta el nuevo concepto de seguridad hemisférica y seguridad regional, es decir, la nueva lectura de interdependencia económica, política y estratégica impuesta por la globalización. La globalización, la estrategia y la inteligencia estratégica de un Estado marcan y determinan las vinculaciones entre los gobiernos en la actualidad.

El Estado-Nación venezolano a partir de 1999, y por los últimos 16 años, el régimen postchavismo ha creído en la soberanía absoluta y, en consecuencia, se ha centrado en un planteamiento político ideológico hegemónico que acuna procesos inconvenientes de relación en el mundo con otros Estados. Y que igualmente lo vinculan a situaciones de amenazas suficientemente identificadas como inminentes. Situaciones de amenaza suficientemente identificadas dentro de la Post-Guerra Fría y que operan de espaldas a las nuevas normas del Derecho Internacional, que privilegia la conectividad global, la disminución de las fronteras, las estructuras estatales y, obviamente, la soberanía que pasa a ser relativa.

De espaldas a la globalización el régimen de Nicolás Maduro pretende negar la condición de Alacena de la droga de los Carteles de Colombia en Venezuela. Igualmente, el régimen pretende negar los graves cuadros de corrupción alrededor de la moneda del dólar que ya de manera pública y notoria se conocen en el mundo y que afectan indiscutiblemente a los Estados Unidos, dueño del dólar. Por último… Venezuela pretende negar sus relaciones subyacentes con países del Medio Oriente y con liderazgos de esos espacios distantes de la ecuación política democrática y cercana a las denominadas "Nuevas Guerras" y al terrorismo internacional.

La pretensión del Panfleto de Nicolás Maduro en el New York Times, señala su limitado entendimiento para comprender que Venezuela desconoce el proceso de conectividad entre los Estados y le cuesta reconocer la enorme responsabilidad del gobierno en cuanto al control de su territorio, su sistema financiero y los riesgos que encierra un país en cuanto a la seguridad hemisférica y a la seguridad global. Nicolás Maduro le cuesta entender que la calificación de Venezuela no tiene nada que ver con los venezolanos, pero sí con las enormes falencias de quienes han querido gobernar al país y creen en la soberanía absoluta, de espalda a la globalización e interdependencia compleja, procesos todos que impone a los Estados-Nación una relación regida por el nuevo Derecho Internacional.

Las consecuencias de las omisiones e irresponsabilidades del gobierno venezolano conducen a una interpretación equivocada en lo que se conoce como la "mundialización". Mundialización que explica los alcances y las magnitudes de la relación de los gobernantes con otros Estados. Con otros Estados, pero también, con otras sociedades, con otras empresas, con otras instituciones que hoy están amenazadas por hechos y procesos como los que guarnece un régimen autoritario militarista en Venezuela que, debido a su concepción anacrónica, le cuesta aceptar y entender las relaciones de conectividad entre los Estados-Nación en el continente americano.

El Panfleto de Nicolás Maduro ha traído consecuencias y producirá inobjetablemente consecuencias mayores en el futuro mediato. La calificación hecha por los Estados Unidos está fundamentada en su inteligencia estratégica y señala a Venezuela-Amenaza dentro de la defensa del régimen de seguridad hemisférica. Igualmente, otros Estados en Europa y en el mundo le dan fundamental importancia al proceso de conectividad, y pueden comprender lo riesgoso de la calificación que hoy sufre Venezuela país.

Nicolás Maduro con su panfleto al New York Times ha terminado por dejar claro, no queda la menor duda, de su ineptitud e incapacidad en el ejercicio de su gobierno y coloca a Venezuela como Estado-Nación en una condición de enorme fragilidad parecida a la de un Estado Forajido, que termina de reflejarse en la risible e increíble recolección de firmas impuestas por el gobierno con lo cual cree que podrá contener, con una acción patriotera y populista, un problema complejo en la política internacional.

José Machillanda