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Caos para comprar


Agosto 04, 2015

Mucha gente me pregunta como selecciono los temas sobre los que escribo, pues bien, la mayoría de ellos son mis vivencias diarias, la interacción con la gente en el Metro, el tráfico diario, mis constantes viajes a la provincia y ahora las colas para conseguir alimentos. Esta vez les contaré lo que me pasó el pasado 23 de julio. Como todos los jueves, por el terminal de mi cédula, fui resignadamente a hacer mi cola en el Farmatodo de la calle Orinoco de las Mercedes, en Caracas, intentando obtener los escasos productos que venden. Siguiendo la rutina de los meses previos, me coloqué en la cola esperando la entrega en las taquillas.

Me llevé una sorpresa, supuestamente por órdenes de la gerencia, fueron descargando las cajas del camión y comenzaron, prácticamente, a tirarlas en medio de los pasillos. Por momentos sentí que estaba presenciando una escena surreal. La gente se lanzaba unos contra los otros para tratar de obtener el codiciado premio representado en un paquete de pañales, toallas sanitarias o un champú. Quienes estábamos en las colas nos quedamos esperando el procedimiento rutinario. Nuestras esperanzas se desvanecieron cuando notificaron que los artículos ya estaban asignados y solo faltaba cancelarlos en la caja. Fui a la farmacia y presencié como una madre desesperada preguntó si había un medicamento para su hija y una de las empleadas con la mayor frialdad le contestó en forma despectiva: "no hay". La señora estalló en llanto porque la falta del medicamento ponía en riesgo la vida de su niña, pero la empleada ni se inmutó.

Salí del establecimiento cabizbajo, frustrado, meditando sobre la pérdida de la solidaridad humana y también en que debería volver la próxima semana para enfrentar los nuevos mecanismos. Hoy reflexiono acerca de la humillación diaria a que nos somete el gobierno poniéndonos a deambular de un lado a otro, casi que mendigando lo que necesitamos. Estoy seguro que los objetivos gubernamentales están claros: quien está haciendo cola, no tiene tiempo para protestar en la calle. Si le tumban la autoestima, el pueblo será presa fácil del autoritarismo del gobierno.

Aunque no lo comparta, comprendo lo que hace el gobierno, porque tal como decía Rómulo Betancourt, el primer deber de un gobierno es no dejarse tumbar. Lo que no puedo entender es que el sector privado se sume a la creación de caos, propiciando el despertar de un gigante aletargado: la irracionalidad que palpita en el corazón de cada uno de nosotros. Después no habrá represas que puedan contener estos sentimientos largamente reprimidos.

Noel Álvarez