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Arrancó el cambio


Marzo 25, 2016

La resistencia gubernamental frente al cambio, podría generar graves turbulencias en la vida de la nación. La alternativa democrática, está decidida a ejercer su derecho y a poner en marcha los diversos mecanismos establecidos en la Constitución para ir a una nueva elección presidencial. Todo empieza por la solicitud de renuncia, que a pesar de la magnitud de la crisis, no es aceptada por el destinatario. Por lo que la salida es que la Asamblea Nacional apruebe la enmienda y la ciudadanía sea convocada a votar. Si la soberanía reside en el pueblo, la vía electoral puede decidirlo todo. Al presidente López Contreras incluso el Congreso le acortó el periodo de 7 a 5 años, lo cual no le quedó más remedio que aceptar. Otra opción es el revocatorio, que hay que activar recogiendo el 20% de las firmas del padrón electoral. La última, la Constituyente, que tiene carácter plenipotenciario, bastando las dos terceras partes del Parlamento o el 15% de las rúbricas para que se someta a votación. Al unísono deberá modificarse la ley del TSJ para lograr una mayoría de magistrados que actúen con autonomía en la Sala Constitucional.

Lo ideal sería que el gobierno, entendiendo el drama que vivimos y la aspiración popular de cambio, abriera un diálogo con las distintas fuerzas democráticas y buscara una salida honrosa para las partes, que incluya a los presos políticos. El recorte del mandato sin impedir la reelección inmediata por un periodo, podría ser la solución después de 17 años seguidos de gobierno. Y sería la válvula de escape para que el pueblo decidiera en paz si continúa o concluye el actual mandato, a lo que seguiría una nueva elección presidencial, para la que se podría postular cualquier aspirante sin excepción.

La negativa gubernamental y de la Sala Constitucional a transitar las vías dentro del Estado de Derecho, nos pondría en una situación similar a la de Afganistán, Haití, Nepal o Somalia, que son Estados sin ley, ni orden, y donde tampoco existen verdaderos incentivos para producir.

En este momento aciago que ya se prolonga por demasiado tiempo, hay que agotar la posibilidad del diálogo y el consenso para lograr caminos que satisfagan a las partes, y le den tranquilidad al pueblo, y respiro a los sectores productivos. Es lo que ha pedido el Papa Francisco para Venezuela.

OSCAR ARNAL