Síguenos en: Menu

Antonio Ledezma


Febrero 24, 2015

Nunca podrá aceptarse que la crítica a un gobierno sea considerada conspiración. Jamás podrá encarcelarse a quien exija respeto a las leyes. Contra un gobernante se conspira tomando las armas o bien cuando el propio mandatario comete iniquidades. Papeles no tumban gobiernos. El hombre público está sujeto a la crítica y no puede hablar de paz un gobernante que ha perdido la legitimidad del poder.

No vamos a callar. No conseguirá Maduro acostumbrar a Venezuela a la arbitrariedad. Su síndrome de persecución se ha convertido en cotidianidad. A nombre de esa enfermedad se está gobernando a Venezuela. Las intervenciones de Maduro se han convertido en un insulto a la razón. No son sus estridencias, ni sus epítetos injuriosos con un público pagado con bandejas de pollo y ron, lo que le da patente para encarcelar a sus adversarios ni fijar la opinión pública. Es la pluma de los escritores, la voz de los periodistas, el clamor de su juventud, la que retrata la desgracia de Venezuela.

El brutal arresto contra el Alcalde Metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma, ha puesto la pica en Flandes. La orden la dio Fidel Castro en el viaje reciente, misterioso e inconsulto, de Maduro a Cuba. Gobernantes de varios países, el Secretario General de la ONU y de la OEA, organizaciones de los derechos humanos, el Vaticano, han rechazado el atropello contra Ledezma.

Antonio Ledezma no es un caudillo, no es dado al culto a un mesianismo estéril. Tiene autoridad, experiencia y escuela política Dos veces ha derrotado al chavismo. Servidor público sobreviviente de los ataques que le han hecho a su función de Alcalde. Un civil visto para una tarea como la de De Gaulle en Francia y Adenauer en Alemania, después de la segunda guerra mundial, como la de Adolfo Suárez en España después de la guerra civil, como la de Patricio Alwuin en Chile después de la dictadura de Pinochet, como la de presidentes de Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay, República Dominicana y Centro América, después de dictaduras militares. El fervor público venezolano pide un gerente político que no venga a ensayar la gobernabilidad de un tránsito tan difícil. Esta comparación es necesaria para develar el motivo de su encarcelamiento ilegal, por un gobierno que tiene los días contados ante la proximidad de un proceso electoral, cuya fecha y pronostico ha dicho Maduro que soñó.

Un gobierno de tres lustros donde han muerto más de 200.000 venezolanos, que ha quintuplicado la deuda externa, quebrado a PDVSA, hipotecado económicamente al país con China y Rusia, entregado el manejo de su soberanía a Cuba, con exilados y presos políticos, libertad de prensa limitada, con escasez de alimentos y medicinas, una moneda devaluada, problema de electricidad, con algunos jefes militares acusados de narcotraficantes, poder judicial encadenado a los caprichos del gobernante, no puede ser considerado por la comunidad internacional como una democracia, es un régimen autoritario, es una dictadura.

Julio Portillo