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AMPLIACIÓN DEL CONCEPTO DE SOBERANÍA


Mayo 27, 2016

El concepto de soberanía tiene hoy en día mayor alcance, lo que quiere decir que se sale de su propio ámbito nacional. La soberanía ya no se refiere al ejercicio del poder de decisión y de defensa de la patria por parte de un gobernante dentro de las propias fronteras del país; todo lo contrario, la soberanía ha de ser supervisada y sometida a las normativas de los distintos Tratados Internacionales que los países suscriben y que son absolutamente vinculantes. Son muchos los ejemplos, siendo el más importante de ellos el respeto por los Derechos Humanos y también la noción del Derecho Constitucional y el pleno ejercicio de las libertades individuales. La Carta Democrática Internacional se refiere en su artículo 20 al deber de la OEA de velar por el sistema democrático y denunciar cualquier desvío del orden constitucional que los dictadores y autócratas cometan.

Por ello los países latinoamericanos en general, impregnados frecuentemente de ansias desmedidas caudillistas y autocráticas populistas proclives a la ruptura del orden constitucional y a las constantes violaciones de los Derechos Humanos, están en la mira de los Organismos Internacionales.

Esa obligación que les corresponde a tales organismos no significa en modo alguno injerencismo. No hay injerencia alguna cuando la OEA, por ejemplo, o la HRW, denuncian al dictador de turno como violador de los Derechos Humanos que pretendan alterar el orden constitucional para mantenerse ilegalmente en el poder. Tampoco se produce injerencia alguna cuando los Organismos Internacionales denuncian la persecución del régimen dictatorial contra de las legítimas manifestaciones de la disidencia por el abuso de poder, corrupción y el saqueo del Tesoro Nacional que comete el tirano de turno y su camarilla.

El argumento del injerencismo político en los asuntos del país que esgrime el oficialismo en Venezuela, es falaz, incierto y cargado de perversidad. Es uno de los argumentos dogmáticos favoritos de la izquierda populista Latinoamericana, siendo el populismo una enfermedad de la política.

Se debe hacer política sin ser populistas, por cuanto el populismo está necesariamente impregnado de falsedad y de engaño al pueblo. Los populistas siempre terminan mal y arruinan a sus naciones y empobrecen al pueblo, a quienes supuestamente dicen amar y defender.

De este error se deriva otra idea disparatada: Quien denuncie internacionalmente
al gobierno de turno por sus fechorías y abusos, se le considera un traidor de la patria. Traidores y apátridas son los que entregaron la Soberanía Nacional a los

castristas y desfalcado al Tesoro Nacional, y no los que ejercen su legítimo derecho a denunciar toda alteración al orden constitucional.-

KALED YORDE