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Alzando la voz: Escenarios militares por: Rafael Díaz Blanco


Junio 29, 2016

Tres acontecimientos se suceden en la última semana de nuestra agravada crisis:

1. La validación popular de las firmas para promover el revocatorio superando uno más de los obstáculos que continua y arbitrariamente impone el régimen.

2. La presentación del Informe sobre Venezuela de Luis Almagro, secretario general de la OEA.

3. La visita a Venezuela del secretario de Estado para América Latina, Thomas Shannon.
En Venezuela, más allá de las diferencias existentes en la oposición venezolana, se ha ido imponiendo una unidad estratégica democrática en torno a los liderazgos que han interpretando correctamente la mayoría expresada en las elecciones parlamentarias de 2015 cuando votamos por un cambio de régimen político a la brevedad y al menor costo posible.

En la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, desde el discurso pronunciado en la instalación del poder legislativo tras ser electo su presidente, ha asumido las propuestas de La Salida (Leopoldo López, María Corina Machado y Antonio Ledezma) interpretando acertadamente el mandato popular expresado electoralmente. Más recientemente, Henrique Capriles Radonsky, no obstante, ciertos devaneos y titubeos iniciales, ha asumido en la calle, con el apoyo de Leopoldo López), no obstante cierta resistencia de los militantes de sus respectivos partidos (Voluntad Popular y Primero Justicia), el liderazgo del referendo revocatorio. Aislados y rezagados van quedando quienes en la oposición no subordinan su conducta a las exigencia del mandato popular expresado en las elecciones legislativas.

Habida cuenta del consenso alcanzado ante la propuesta refrendaría, los demócratas venezolanos debemos seguir recorriendo este camino, haciendo el necesario trabajo parlamentario e institucional, pero sobre todo promoviendo la movilización popular en el ámbito interno y en el externo, propiciando y manteniendo la discusión sobre Venezuela, los presos políticos, la ruptura constitucional, la crisis humanitaria, la violación de las libertades fundamentales y el proceso de aplicación de la Carta Democrática, el cual deberá continuar hasta que el desenlace favorable de la crisis venezolana, así lo exija. Diálogo, libertad de los presos políticos y referéndum revocatorio, como lo promueve la posición norteamericana, con creciente apoyo internacional, no son incompatibles.

En todo caso, como señalamos al comienzo, aumentar la presión interna e internacional sobre el gobierno debe tener como propósito obligar a las Fuerzas Armadas a una salida electoral a la crisis. Sin lugar a dudas, dado el carácter castrense de nuestro régimen político, será la actuación militar la que determinará, en breve, el desenlace de la crisis venezolana. Mantener a Maduro es cada vez más difícil y los costos políticos para las Fuerzas Armadas mayores. Entre los venezolanos se ha ido afianzando la idea de carácter dictatorial del régimen y del predominio militar.

Son variados los escenarios posibles derivados de las decisiones que tomarán los hombres armados:

1. Neo dictadura militar. Ante la impopularidad de Maduro e ingobernabilidad creciente, las fuerzas armadas asumen formalmente la conducción del país instaurando una neo dictadura de izquierda o de derecha. Se mantienen los privilegios militares, se garantiza la impunidad y se suspende la celebración de elecciones. Esta opción pudiera, en caso de abandonarse el proyecto chavista, contar con el apoyo de algunos sectores de la oposición y del empresariado, y ser vista por el chavismo como el mal menor que les permitiría construir una épica revolucionaria, donde víctimas de un golpe de estado y con las alforjas llenas, puedan prepararse para retornar al poder por la vía armada o electoralmente, cuando la opinión pública pueda serles favorable. Esta opción sería rechazada por la comunidad internacional sobre todo si pretende continuar el proyecto socialista chavista. Estos caminos que desconocen la voluntad popular ameritarían un difícil incremento de la represión, insostenible en el tiempo. Al permanecer los gravísimos problemas políticos y socio-económicos, la inestabilidad política pudiera traducirse en el corto plazo en sucesivos golpes militares en cascada que sólo terminarían cuando el pueblo pueda manifestarse en elecciones libres.

2. Gobierno cívico militar. Se trataría de un acuerdo cívico-militar para una transición donde los militares dejan el poder, pero continúan tutelándolo, mientras los civiles progresivamente asumen la conducción del país. Esta fórmula tiene, entre otros riesgos los que recuerdan el 18 de Octubre de 1945 que terminó con el desplazamiento de los civiles aliados por parte de los militares. Estando en el siglo XXI y siendo más cercano en el tiempo, bien pudiera ser más bien, mutatis mutandis, un nuevo 23 de Enero de 1958. Todo dependerá de la posición que se adopte ante los delitos de lesa humanidad, el narcotráfico y la corrupción. Esta salida pudiera ser avalada por la comunidad internacional, contar con un respaldo más amplio de partidos opositores y deparar a los líderes militares del movimiento una gran popularidad. Requeriría, en breve, realizar elecciones libres para alcanzar la necesaria legitimidad democrática. De no producirse la consulta popular, conduciría también a golpes de estado en cascada.

3. Salida democrática y constitucional inmediata. Significa que los militares deciden abandonar el proyecto chavista y subordinarse a la Constitución pronunciándose a favor del único poder legítimamente democrático en Venezuela: la Asamblea Nacional. Para ello bastará que hagan cumplir las decisiones que tome el poder legislativo, sobre todo aquellas orientadas a la sustitución de los otros poderes públicos y particularmente, del Tribunal Supremo de Justicia y/o del presidente de la república, lo que permitirá, en breve, por la vacante absoluta de Maduro, por cualquier causa, convocar a elecciones presidenciales. Obviamente, es esta la opción más democrática y conveniente. Contaría con un inmenso respaldo popular, apoyo de la Iglesia, empresarios, sindicatos, gremios, estudiantes, sociedad civil organizada, y por supuesto de la comunidad internacional.

4. La Guerra civil e intervención internacional. Escenarios un poco alejados, pero que pudieran sobrevenir como consecuencia de la división de las fuerzas armadas y de una intervención militar o golpe militar que no logre alcanzar el poder, pero si controlar parte del territorio nacional. Esta situación. unida a la profundización de la crisis humanitaria, abriría las puertas de una intervención internacional.

RAFAEL DÍAZ BLANCO