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Adolfo Salgueiro: En Estados Unidos ganó el chavismo


Noviembre 12, 2016

Ni más ni menos. Con la elección de Trump triunfó el chavismo en Estados Unidos, lo cual demuestra que esa tendencia –o tal vez enfermedad- que es el populismo no es patrimonio exclusivo de nuestra muy golpeada América Latina, sino que también contagia a pueblos que, se presume, tienen un mayor desarrollo en su cultura cívica.

Trump les dijo a muchos estadounidenses lo que ellos querían oír y se los dijo en el momento exacto en que las circunstancias hacían propicio que su discurso calara. Igualito que Chávez, aun cuando el perfil de los personajes y el tenor de las promesas poco tengan en común. El fenómeno parece marcar una tendencia que ya en Europa viene tomando cuerpo desde hace algunos lustros, como lo demuestra el resultado de las elecciones presidenciales de mayo en Austria donde el filo-nazi Hofer empató con un rival democrático, o el resurgimiento de la extrema derecha en Francia con la señora Le Pen, o las fuertes pérdidas que viene sufriendo la democracia cristiana en Alemania en las recientes elecciones regionales, el Brexit, etc.

Muchos estadounidenses –con razón o sin ella– perciben que su otrora gran imperio ha entrado en declinación y atribuyen ese hecho a la clase política tradicional y al "establishment" enquistado en Washington sin hacer mayor distinción entre demócratas y republicanos. Trump fue nominado por el Partido Republicano, pese a los deseos de su dirigencia que no lo apoyó ni en las primarias ni en la ronda final. Por tanto, Trump representó la ruptura con lo tradicional y el giro hacia el deseo de un cambio. ¿Qué cambio? No sabemos…, pero queremos cambio, dicen los votantes de esa parte central del país (middleAmerica) que aportan un importante número de electores.

Tanto más irónico es el resultado del martes, si tomamos en cuenta el país que recibió Obama en 2009, con la economía en ruinas, la crisis inmobiliaria en plena explosión, los bancos y grandes empresas al borde de la quiebra, o quebrados ya, el desempleo en cifras récord, etc., muy distinto al país que entregará a su sucesor el 20 de enero próximo en el que exhibe una economía sólida, crecimiento modesto, pero constante, desempleo en el mínimo histórico, inflación bajísima, un sistema de salud mucho más extendido (Obamacare), retiro sustancial de tropas de casi todos los frentes bélicos, etc., etc.

Nada de lo anterior parece haber servido como incentivo para ungir a la señora Clinton. Poco pareció importar a casi 60 millones de personas que mister Trump no haya pagado impuestos por sus billonarias utilidades, ni que se negara a mostrar sus balances, ni que haya quebrado sus empresas al menos cuatro veces, ni que fuera un machista de bragueta floja que irrespetaba a las mujeres de su agrado, ni que expresara intolerancia hacia los musulmanes en su conjunto, ni que prometiera cosas tan insólitas como irrealizables (el muro con México, deportar 11 millones de inmigrante ilegales, etc.). La mitad de los votantes se decantó por la ilusión del "cambio". El tema da para la reflexión.

También es cierto que en muchos casos similares el populista ya instalado en la conducción de los asuntos públicos comprende que una cosa es mirar desde afuera y otra distinta desde la oficina presidencial. Casos no faltaron: Fujimori, Lula, Ollanta Humala, Pepe Mujica, Ortega y hasta el mismísimo Evo, que dijo y dice muchas más estupideces que las que comete. ¿Habrá esa esperanza?

De paso, podemos también extraer algunas lecciones aplicables a nuestra maltrecha Venezuela.

Tibisay: ¿Qué nos dices de un sistema electoral que no es "el mejor del mundo", pero que permitió que en un país con cuatro husos horarios (más tres para Hawai) voten casi 120 millones de personas sin ningún incidente y se conozca el resultado final en 6 horas y sin que haya que esperar que usted se digne a bajar de su despacho y aparezca en cadena mediática para anunciar a "todos y todas" que los "votantes y votantas" han vivido una "jornada histórica?". ¿Qué se puede aprender de un país y un sistema que realiza la elección más relevante del planeta como un acto cívico, un día martes, sin que sea feriado, sin plan república que convierta el evento en una ocupación militar, sin que nadie dispute los resultados y sin que ningún tribunal tenga que emitir sentencias de complacencia?

¿Qué se podrá comentar sobre un sistema electoral que los estadounidenses se dieron hace más de dos siglos (porque ellos también son un país soberano) y que permite que quien atrajo más voto popular (Clinton) quede con menos electores que quien sacó 200.000 y pico votos menos? (Trump) y nadie proteste (salvo Chávez y Maduro). Será por eso que en Estados Unidos jamás hubo un golpe de Estado ni un militar activo en la jefatura del Poder Ejecutivo?